A continuación agregaré mi más reciente creación, mi primer paso en un tipo de literatura un poco más ligera, un poco menos de pensar profundamente, con más de leer por diversión sólamente.
Resulta que, si quiero lanzarme a la fantasía y a un tono que contiene la ligereza del humor, ¿Por qué no hacerlo, lanzando a una loca a mi mundo ya creado?
(recuerden que es posible comentar sin restricciones; especialmente con esto, que me gustaría saber qué les ha parecido mi auto-exploración literaria.)
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Un buen día cualquiera se apareció una mujer de las sombras.
Era un buen día, y ella una bella mujer. Salió como si nada, literalmente en un estallido de negro polvo y chispas, como hacen los magos baratos para fingir que hacen magia.
Pero ésta vez era verdadera magia. Venía desnuda y tranquila, y parecía traer la bruma negra consigo, de modo que parecía ser su ropa.
Su tranquilidad se deshizo en segundos, y se convirtió en terror puro cuando, a pesar de saber pefectamente de dónde estaba, escuchó un pito de un carro a unos metros de ella.
Había aparecido en medio de la calle.
Miró a los lados boquiabierta, sin discreción, como si nadie la estuviera mirando. Entonces se armó de valor contra el engendro metálico, y persiguió al carro vociferando palabras en un idioma que pasaba entre los chasquidos mecánicos y terminaba con una voz gutural directo de la garganta y los pulmones.
El enemigo se había alejado. Tal vez demasiado. Ella bajó la cabeza, la habían rechazado por primera vez en un duelo aquí. O tal vez le tenía miedo. Sí, eso debió ser.
-¡Cobarde! -le gritó en su idioma natal.
Ella se moría de ira.
Y el resto de la gente que la miraba como lo que era: una venida de otro mundo, loca y rara.
En esto, ella enrabietada miraba a los ojos a los transeúntes, gente común, que inmediatamente la ignoraban e intentaban seguir con sus quehaceres como si nada nunca hubiera pasado, como para evitar morir estrangulados por una aparición, dejando una muerte difícil de explicar a sus parientes.
La nube se hizo más densa, la envolvió por completo, y ella escapó enrabietada, dejándola atrás flotando, con una estela que parecía emanar de su piel siguiéndola.
Conforme avanzaba, los transeúntes más atrevidos le dirigían la palabra de manera indecorosa:
-¡Mamasita!
-Miren a esa preciosidad...
-¡Uy, una loca!
-¡Ventílate esa cosa negra que no te puedo ver las tetas!
Ella simplemente los miraba por un instante, sin perder su concentración. No los compendía; balbuceaban en voz alta cosas sin sentido. ¿Qué diablos habrán dicho? No se veían como una amenaza, pero tampoco se veían amistosos. ¿Tendrían hambre? ...¿Es que acaso me ven con cara de pan?
En todo caso, no era divertido andar por allí. Quería irse, y siguió marchando furibunda.
De un momento para otro, otra voz como las anteriores, con cierto tiemble en la voz le habló con el acento de un trovador antiguo:
-¿Será posible?
Y lo entendía perfectamente. Extrañamente también, el hombre tenía la misma pinta que los demás, pero sí le hablaba a ella y no con balbuceos caprichosos de hambriento invasivo.
Ella inmediatamente le puso toda su atención, se volteó y se detuvo en seco.
La mujer en sí medía unos descomunales dos metros, y su salvaje cabello se alborotaba caprichosamente, la última punta llegando tan bajo como sus caderas.
La estela pronto la envolvió en una nube todavía más alta que ella.
Y el hombre, atónito, se quedó mirándola, ahora sí balbuceando en ningún idioma, preguntándose qué hacer ahora.
Abrió la boca un poco más de lo que estaba, y volvían a correr palabras inteligibles de entre su lengua:
-Sé que me entiendes hablando Kikrálgon, criatura fascinante.
Tenía una mirada de observador ansioso pero inocente.
-Por supuesto. ¡Y no soy ninguna criatura! Podría ser tu maldita reina, dada tu patética estatura.
El hombre casi se va para atrás de la impresión que le causó escuchar el idioma por primera vez, estaba literalmente hablando con sus sueños de académico.
Todo ésto ocurría como si nada en medio de la vía pública, un bello día cualquiera.
La gente miraba con una caracterísica expresión de desconcierto, con una ceja levantada, un ceño fruncido, o la boca retraída a medio lado, como lo hace uno con asco; y los ojos bien abiertos.
Alguien rompió a reir, pensando que se trataba de otra de esas actuaciones callejeras.
Pero iba en serio. La mujer le gritó por su blasfemo irrespeto, y lanzándole una bola negra de sustancioso vapor ónice negro, lo empujó brutalmente hasta quedar tendido de espaldas contra el hormigón.
Con esto, la gente se alejó de puro miedo, algunos corrían, y en la situación que requería de una acción rápida, el hombre habló fuerte para esucharse por encima del ruido de la gente:
-Si esto no es un sueño, cárgame hacia la casa de allí -el hombre señalaba a un lugar bastante lejano, que se veía claramente pasando algunas calles en frente.
La bruja, sin más agregar se lo llevó a los hombros y marchó brutal, cruzando por entre los carros que se despegaban del asfalto y de su paso de caracol.
Lo que antes parecía una loca rara, ahora era un complejo caso de secuestro místico, o tal vez una demostración atlética muy elaborada, con efectos especiales.
Finalmente llegaron a la casa, y el hombre pataleaba para soltarse. Unas piernas que se sacudían chocaron con el suelo violentamente unos segundos después.
Para los fanáticos de las historias, la filosofía, y la psicología; Fragmentos en forma de historia para leer con calma y pensar.
Monday, November 28, 2011
Thursday, November 24, 2011
Chispa #6: Soulshards
"Lo que me gusta de la escritura es que usada correctamente es como si tuvieras un pedacito de alma materializada"
~Plagiado de mí mismo en medio de una conversación informal.
~Plagiado de mí mismo en medio de una conversación informal.
Saturday, November 19, 2011
...Sólo que cogidos de la mano (Lyszica)
Me quejo; pues tengo más y más de ésta particular pareja.
Ésta pieza en especial es el precedente DIRECTO de la historia anterior, la del fuego amarillo. Se conectan sin espacios en absoluto.
Así coninúo con un segundo experimento: Leer en desorden.
Se descubren cosas curiosísimas, y nos enfrentan a un pasado. Es lo que nos hace decir "Ajá, así fué como pasó". Amarrar cables sueltos tiene su magia.
------------------------------------------------------------------------------------
Ah, también los obligaré a descubrir música a la par con mi creación.
(también aparece después)
Había llegado el mes de otoño, murió el verano, y con él, Vixi ya estaba muerta.
Muerta para él, pues ella no quiso saber nada del mundo, y llevaba meses encerrándose. Pero respiraba, la veía a veces pasándose por la casa; aunque como una aparición irreal, pues ése cuerpo no parecía ya pertenecerle a su alma.
Con los días, todo empezó a cambiar. A medida que todo enfriaba, la veía más seguido por la casa.
Estaba despertando de un sueño de hibernación, era la reencarnación de un fantasma.
O tal vez era lo mismo. Es que él ya no tenía sol al que sonreírle, no tenía ya forma de pasearse fuera de la casa; con lo que aguantaba lluvias, también encerrado como la espectral Lyszica.
Con unas pocas semanas su alegría de vivir explorando y dormir en noches cortas y calientes era ya algo del pasado. Y un pasado muy lejano.
Cada día, en lo oscuro, brillaba Vixi cuando aparecía. Un día se levantó para descubrir que ella ya estaba en la sala, y le había preparado su desayuno.
Así fue como con el tiempo ella parecía llenarse de vida; conforme las hojas afuera perdían su verdor, Vixi se hacía más agradable y menos invisible.
Era como si ella se robara la vida misma del mundo para sí.
Fue particular, y el comienzo de todo en un día cualquiera y mal identificado de Octubre.
-Dime, ¿No nos faltan cereales para la alacena?-
(Clic con la rueda del ratón)
Ella estaba de espaldas, desenpolvando un jarrón en la sala.
De súbito, la miró por lo curioso que era que el espectro hablara. Y ella repitió:
-¿No estamos un poco faltos de comida? ¿Por qué no vamos a comprar algo?-
La sola idea de pensar en ir a comprar era algo muy rutinario, también era difícil que fuera posible, teniendo en cuenta la vida relativamente perfecta que llevaban.
Aún así, sólo lo parecía; todo lo cotidiano los atropellaba enteros, los hacía caer en picada contra la realidad cada vez que sus sueños y fantasías los elevaban.
Y allí estaba, ausente batiendo la escobilla, con un delantal puesto y su cabellera que bajaba hasta sus caderas.
Él se inclinó atrás, mirando afuera con desgana al cielo gris; y recompuso su cabeza.
-Sí. Dime qué mas falta.-
-Mmmmm, tendré que mirar bien. Para serte sincera, no he arreglado mucho la casa que digamos-
Y cómo no. Estuvo encerrada todo el maldito verano, como si no quisiera saber nada de nada.
-Adelante. Ya me preparo, Vixi.-
Agregó cierta carga en su nombre, pues la verdad extrañaba decirlo en voz alta, y era reconfortante hacerlo.
La dejó terminar sus quehaceres en la sala, y se retiró a su cuarto, a ponerse un par de medias, y a ponerse un abrigo para el camino.
Cuando volvió, ella estaba un poco concentrada con la tarea de desamarrarse el delantal; la escobilla ya abandonada a un lado. Cayó al suelo, y seguido, Vixi levantó la mirada.
No habia nada especial en ella, excepto por un rasguño casi invisible en la cara.
Caminó a un lado de él, todavía deslizándose como un fantasma, y le dió una palmadita en el hombro.
-Espérate, me falta mirar el resto de la casa.-
En poco tiempo había vuelto, y serena bajó al sótano, que en realidad era su cómoda habitación. Una Lyszica nueva subía por las escaleras, con una bufanda sobre los hombros. Pasó cerca, sin mirar nada en particular, y susurró:
-Ahora sí, vamos.-
-Dime, ¿Qué falta?-
Ella le contó las varias cosas que faltaban en los baños, y los ingredientes para la cocina. Limpiadores, leche, una escoba, etc...
Era tedioso. Andaban ya cerca de la entrada, cruzaron la puerta, y apenas el frío y una llovizna débil los picó, Vixi se aferró a su brazo, se hizo cerquita, y lo miró. Él le devolvió la mirada por un instante, como para no perder la concentración en su horizonte.
Cuando llegaron bajo techo, Vixi se soltó y escapó a recoger todos los ingredientes de cocina. Agarraba feliz las cositas que a ella le gustaban: conservas para invierno, que ahora mismo estaban frescas, y ella las prefería así. Volvió con un tanque de leche, carnes saladas, cereales, y rodajas secas de de algún vegetal sustancioso.
Tenía una expresión aburrida, ahora que tenían que seguir con el resto.
Empacaron la escoba, fueron juntos a buscar los limpiadores, y metieron todo lo que traían con cuidado en bolsas.
Se las llevaron y emprendieron su camino a casa.
Ya no llovía, pero el suelo mojado se devoraba toda alegría de ellos.
-Sé que es comida como para mí, pero quiero cocinártelo hoy. Será delicioso.-
-“Para tí...”- Pensó él.
-Y, ¿sabes? quiero hacer éste cordero con el fuego de la chimenea.-
Agarró una bolsa de él, y mirándola agregó:
-Y... voy echarle de ésto también...- Tenía una voz algo emocionada.
-Suena bueno, Chef Lyszica.-
Luego Vixi cambió de tono, y apagada, dijo:
-Apenas llegue, tendré que terminar la limpieza. Luego cocino esa cosa.-
Miró abajo. La vida ahora no parecía tan interesante. Mañana también iba a limpiar. Mañana también lo vería a él.
Al menos ya no estaba encerrada.
Y él seguía con ella.
Ahí estaba. Vió en su mano otra bolsa. Se la rapó, y acto seguido, sin mirar y como si nada, le cogió la mano.
Estuvieron todo el camino cogidos de la mano, juntos, con las bolsas del mercado en la otra.
Sabían que esto se volvería cotidiano.
Fué así que volvieron a entrar a la misma casa, dejaron las bolsas, y siguieron con las tareas del hogar y sus pasatiempos, hasta que cayó la noche.
Ésta pieza en especial es el precedente DIRECTO de la historia anterior, la del fuego amarillo. Se conectan sin espacios en absoluto.
Así coninúo con un segundo experimento: Leer en desorden.
Se descubren cosas curiosísimas, y nos enfrentan a un pasado. Es lo que nos hace decir "Ajá, así fué como pasó". Amarrar cables sueltos tiene su magia.
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Ah, también los obligaré a descubrir música a la par con mi creación.
(también aparece después)
Había llegado el mes de otoño, murió el verano, y con él, Vixi ya estaba muerta.
Muerta para él, pues ella no quiso saber nada del mundo, y llevaba meses encerrándose. Pero respiraba, la veía a veces pasándose por la casa; aunque como una aparición irreal, pues ése cuerpo no parecía ya pertenecerle a su alma.
Con los días, todo empezó a cambiar. A medida que todo enfriaba, la veía más seguido por la casa.
Estaba despertando de un sueño de hibernación, era la reencarnación de un fantasma.
O tal vez era lo mismo. Es que él ya no tenía sol al que sonreírle, no tenía ya forma de pasearse fuera de la casa; con lo que aguantaba lluvias, también encerrado como la espectral Lyszica.
Con unas pocas semanas su alegría de vivir explorando y dormir en noches cortas y calientes era ya algo del pasado. Y un pasado muy lejano.
Cada día, en lo oscuro, brillaba Vixi cuando aparecía. Un día se levantó para descubrir que ella ya estaba en la sala, y le había preparado su desayuno.
Así fue como con el tiempo ella parecía llenarse de vida; conforme las hojas afuera perdían su verdor, Vixi se hacía más agradable y menos invisible.
Era como si ella se robara la vida misma del mundo para sí.
Fue particular, y el comienzo de todo en un día cualquiera y mal identificado de Octubre.
-Dime, ¿No nos faltan cereales para la alacena?-
(Clic con la rueda del ratón)
Ella estaba de espaldas, desenpolvando un jarrón en la sala.
De súbito, la miró por lo curioso que era que el espectro hablara. Y ella repitió:
-¿No estamos un poco faltos de comida? ¿Por qué no vamos a comprar algo?-
La sola idea de pensar en ir a comprar era algo muy rutinario, también era difícil que fuera posible, teniendo en cuenta la vida relativamente perfecta que llevaban.
Aún así, sólo lo parecía; todo lo cotidiano los atropellaba enteros, los hacía caer en picada contra la realidad cada vez que sus sueños y fantasías los elevaban.
Y allí estaba, ausente batiendo la escobilla, con un delantal puesto y su cabellera que bajaba hasta sus caderas.
Él se inclinó atrás, mirando afuera con desgana al cielo gris; y recompuso su cabeza.
-Sí. Dime qué mas falta.-
-Mmmmm, tendré que mirar bien. Para serte sincera, no he arreglado mucho la casa que digamos-
Y cómo no. Estuvo encerrada todo el maldito verano, como si no quisiera saber nada de nada.
-Adelante. Ya me preparo, Vixi.-
Agregó cierta carga en su nombre, pues la verdad extrañaba decirlo en voz alta, y era reconfortante hacerlo.
La dejó terminar sus quehaceres en la sala, y se retiró a su cuarto, a ponerse un par de medias, y a ponerse un abrigo para el camino.
Cuando volvió, ella estaba un poco concentrada con la tarea de desamarrarse el delantal; la escobilla ya abandonada a un lado. Cayó al suelo, y seguido, Vixi levantó la mirada.
No habia nada especial en ella, excepto por un rasguño casi invisible en la cara.
Caminó a un lado de él, todavía deslizándose como un fantasma, y le dió una palmadita en el hombro.
-Espérate, me falta mirar el resto de la casa.-
En poco tiempo había vuelto, y serena bajó al sótano, que en realidad era su cómoda habitación. Una Lyszica nueva subía por las escaleras, con una bufanda sobre los hombros. Pasó cerca, sin mirar nada en particular, y susurró:
-Ahora sí, vamos.-
-Dime, ¿Qué falta?-
Ella le contó las varias cosas que faltaban en los baños, y los ingredientes para la cocina. Limpiadores, leche, una escoba, etc...
Era tedioso. Andaban ya cerca de la entrada, cruzaron la puerta, y apenas el frío y una llovizna débil los picó, Vixi se aferró a su brazo, se hizo cerquita, y lo miró. Él le devolvió la mirada por un instante, como para no perder la concentración en su horizonte.
Cuando llegaron bajo techo, Vixi se soltó y escapó a recoger todos los ingredientes de cocina. Agarraba feliz las cositas que a ella le gustaban: conservas para invierno, que ahora mismo estaban frescas, y ella las prefería así. Volvió con un tanque de leche, carnes saladas, cereales, y rodajas secas de de algún vegetal sustancioso.
Tenía una expresión aburrida, ahora que tenían que seguir con el resto.
Empacaron la escoba, fueron juntos a buscar los limpiadores, y metieron todo lo que traían con cuidado en bolsas.
Se las llevaron y emprendieron su camino a casa.
Ya no llovía, pero el suelo mojado se devoraba toda alegría de ellos.
-Sé que es comida como para mí, pero quiero cocinártelo hoy. Será delicioso.-
-“Para tí...”- Pensó él.
-Y, ¿sabes? quiero hacer éste cordero con el fuego de la chimenea.-
Agarró una bolsa de él, y mirándola agregó:
-Y... voy echarle de ésto también...- Tenía una voz algo emocionada.
-Suena bueno, Chef Lyszica.-
Luego Vixi cambió de tono, y apagada, dijo:
-Apenas llegue, tendré que terminar la limpieza. Luego cocino esa cosa.-
Miró abajo. La vida ahora no parecía tan interesante. Mañana también iba a limpiar. Mañana también lo vería a él.
Al menos ya no estaba encerrada.
Y él seguía con ella.
Ahí estaba. Vió en su mano otra bolsa. Se la rapó, y acto seguido, sin mirar y como si nada, le cogió la mano.
Estuvieron todo el camino cogidos de la mano, juntos, con las bolsas del mercado en la otra.
Sabían que esto se volvería cotidiano.
Fué así que volvieron a entrar a la misma casa, dejaron las bolsas, y siguieron con las tareas del hogar y sus pasatiempos, hasta que cayó la noche.
Chispa #5: La libertad
Aquí estoy yo plagíandome a mí mismo, con cosas que escribí más bien antes y para otros propósitos. Pero quiero compartir.
Me preguntaron, ¿Qué es la libertad? Yo respondí más como a ¿Qué es lo que te hace libre?
Y escribí:
-------------------------------
Lo que te hace libre no es derribar los muros que se te interpongan,
simplemente con el hecho de tener el valor de golpearlos bastará.
Me preguntaron, ¿Qué es la libertad? Yo respondí más como a ¿Qué es lo que te hace libre?
Y escribí:
-------------------------------
Lo que te hace libre no es derribar los muros que se te interpongan,
simplemente con el hecho de tener el valor de golpearlos bastará.
Friday, November 18, 2011
Una tarde de otoño (Lyszica)
(Triste es que haga tantas cosas de mi mundo con ella. Tal vez termine con ellos como la primera cosa que escriba, y la última que lean, luego de haber llenado todo lo demás. Porque es un mundo, pero me ha cautivado la vida de ésta particular pareja.)
Además, ésta vez me propongo hacer un experimento.
Pediré el favor, pues, que todo aquel que lea ésto multiplique su experiencia con una canción.
Pero no cualquier canción, señores. Yo la he elegido, y me asusta lo perfectamente que acompaña la lectura.
Significa que por ésta pieza, no sólo descubrirán otro montón de letras que ya no me pertenecen, sino que también lo descubrirán a la par con una melodía (que no me pertenece y tampoco conocen). Que les sea de su agrado.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
nota: la música aparece después.
Fuego Amarillo y Ventanas Congeladas
Ahora estaba oscuro. Era extraño ver la casa así: era otra con el negro afuera, y el mismo negro que entraba. El sol todavía se deshacía lejos.
Estaban en ése momento de la tarde en que todavía no hay otras luces;
con ésa extraña sensación que trae mirar las hojas de los árboles impresas en las paredes, con un contraste de ámbares y gris; con un negro que crecía desde las esquinas.
Hasta que se lo devoró todo dentro de la casa. Ya no parecía hogar. Un haz de ámbar se escurría hacia un punto adentro en la sala; mas nunca se imprimió adentro, como si la quietud se la tragara.
Y entonces, la única luz era Lyszica, que estaba derribada en el sillón de la sala, fundida en un sueño ligero. Su aireada respiración era lo único que se oía en la suprema quietud, como un solo de flauta dulce.
Su pecho se inflaba profundo y se hundía; Sus brazos inertes acariciándola, serpenteando caóticamente con su cabellera.
Y de un momento a otro, una luz del corredor, una sombra creciente, y los pasos ausentes de él. La luz luego cambió con un bombillo de la sala, justo sobre ella.
Lo próximo que supo era que algo la rozaba en las caderas, su cómodo sillón caía hacia un lado, y que en realidad más allá de sus párpados había luz.
Él se había sentado para tomarse un café y seguir con sus trabajos en la mesilla, y Lyszica en ése momento era no más que otra parte del mueble.
Ella se dio la vuelta y se volvió a sumergir en su sueño, ya no estaba exhausta, pero ya casito terminaría de descansar, se estiraría al fin y abriría más los ojos.
Silencio. Él trabajó bajo la luz, el unico ruidito durante varios minutos lo hacía Vixi, el viento que empezó afuera a congelar las ventanas, y una cigarra abandonada, algo perdida en el tiempo y pasada del verano.
Fué cuando Vixi despertó del sueño, absorta frente a su realidad, que era no más que una luz y una calma casi desesperante. Su cuerpo era ligero, su mente estaba confundida. Seguía en un trance del despertar abrupto, de un descanso inesperado pero necesario.
Se revolcó hacia él, lo miró a los pies con sus penetrantes ojos amelazados, con una boca cerrada y expectante.
-Deberíamos cocinar ese cordero que trajimos-
En un parpadeo se levantó hacia adelante; estaba rendida con la cabeza que se le caía sobre sus brazos, se acomodó la cabellera, y añadió:
-Porque me está dando hambre.-
Él sonrió, se resignó a seguir trabajando, y dijo:
-Yo prenderé la chimenea mientras tanto-
Cuando habían terminado de alistar la carne y el fuego chispeaba, Lyszica se había puesto al frente para cocinarla, él estaba atrás, mirándola.
Mirándola un buen rato. Ya había calor. Ella daba mordiscos al pincho, impaciente.
Y por primera vez en mucho tiempo, se sentía ésa sensación, que más o menos promete que todo puede perpetuarse.
En otro punto de la noche, estaban de vuelta en el sillón, disfrutando del cordero, hablando de chistes tontos.
Más tarde estarían sentados juntos en el suelo cerca a la chimenea,
y el fuego seguía encendido frente a ellos, salpicándolos con hadas y luciérnagas de fuego y madera que volaban sobre sus cabezas.
Ya terminándose el jugoso cordero, cálidos en la noche abisalmente gélida, alguna pregunta salía de él;
-Dime, ¿Qué te tuvo tanto tiempo callada?-
Ella lo miró de reojo, batió sus pestañas, y llevándose otro pedazo de carne, abrió la boca:
-Es que prefiero perderme de todo.-
Miró al fuego, callada por un momento, cogiéndose las rodillas.
-Me ha pasado todos los años en mi vida, pero ésa vez fue peor. Aborrezco el verano. Todo es juegos y alegría y calor, y ya nadie es especial porque todos lo son.-
Un segundo inclinó su cabeza.
-Nisiquiera yo... Nisiquiera tú.-
-¿Ya nos hemos salvado?-
-Sí. Cruzamos a través de la tormenta. Perdóname.-
Él dejó su comida a un lado. Se dio cuenta que cuanto más se conocía a sí mismo, más ignoraba a los demás. Incluso a Lyszica, y es que ahora vivían juntos.
Él la volteó a mirar abruptamente, y ella reaccionó; siempre que lo hacía le contaba algo importante.
-Te perdono. Sé que la verdadera Lyszica siempre vivió bajo tu piel.-
Y se quedaron mirándose;
Se miraban con ojos adormilados, a los ojos y sin vergüenza, como quien no quiere nada, en un silencio cómodo del de los amigos que se conocen hace marras.
Además, ésta vez me propongo hacer un experimento.
Pediré el favor, pues, que todo aquel que lea ésto multiplique su experiencia con una canción.
Pero no cualquier canción, señores. Yo la he elegido, y me asusta lo perfectamente que acompaña la lectura.
Significa que por ésta pieza, no sólo descubrirán otro montón de letras que ya no me pertenecen, sino que también lo descubrirán a la par con una melodía (que no me pertenece y tampoco conocen). Que les sea de su agrado.
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nota: la música aparece después.
Fuego Amarillo y Ventanas Congeladas
Ahora estaba oscuro. Era extraño ver la casa así: era otra con el negro afuera, y el mismo negro que entraba. El sol todavía se deshacía lejos.
Estaban en ése momento de la tarde en que todavía no hay otras luces;
con ésa extraña sensación que trae mirar las hojas de los árboles impresas en las paredes, con un contraste de ámbares y gris; con un negro que crecía desde las esquinas.
Hasta que se lo devoró todo dentro de la casa. Ya no parecía hogar. Un haz de ámbar se escurría hacia un punto adentro en la sala; mas nunca se imprimió adentro, como si la quietud se la tragara.
Y entonces, la única luz era Lyszica, que estaba derribada en el sillón de la sala, fundida en un sueño ligero. Su aireada respiración era lo único que se oía en la suprema quietud, como un solo de flauta dulce.
Su pecho se inflaba profundo y se hundía; Sus brazos inertes acariciándola, serpenteando caóticamente con su cabellera.
Y de un momento a otro, una luz del corredor, una sombra creciente, y los pasos ausentes de él. La luz luego cambió con un bombillo de la sala, justo sobre ella.
Lo próximo que supo era que algo la rozaba en las caderas, su cómodo sillón caía hacia un lado, y que en realidad más allá de sus párpados había luz.
Él se había sentado para tomarse un café y seguir con sus trabajos en la mesilla, y Lyszica en ése momento era no más que otra parte del mueble.
Ella se dio la vuelta y se volvió a sumergir en su sueño, ya no estaba exhausta, pero ya casito terminaría de descansar, se estiraría al fin y abriría más los ojos.
Silencio. Él trabajó bajo la luz, el unico ruidito durante varios minutos lo hacía Vixi, el viento que empezó afuera a congelar las ventanas, y una cigarra abandonada, algo perdida en el tiempo y pasada del verano.
Fué cuando Vixi despertó del sueño, absorta frente a su realidad, que era no más que una luz y una calma casi desesperante. Su cuerpo era ligero, su mente estaba confundida. Seguía en un trance del despertar abrupto, de un descanso inesperado pero necesario.
Se revolcó hacia él, lo miró a los pies con sus penetrantes ojos amelazados, con una boca cerrada y expectante.
-Deberíamos cocinar ese cordero que trajimos-
En un parpadeo se levantó hacia adelante; estaba rendida con la cabeza que se le caía sobre sus brazos, se acomodó la cabellera, y añadió:
-Porque me está dando hambre.-
Él sonrió, se resignó a seguir trabajando, y dijo:
-Yo prenderé la chimenea mientras tanto-
Cuando habían terminado de alistar la carne y el fuego chispeaba, Lyszica se había puesto al frente para cocinarla, él estaba atrás, mirándola.
Mirándola un buen rato. Ya había calor. Ella daba mordiscos al pincho, impaciente.
Y por primera vez en mucho tiempo, se sentía ésa sensación, que más o menos promete que todo puede perpetuarse.
En otro punto de la noche, estaban de vuelta en el sillón, disfrutando del cordero, hablando de chistes tontos.
Más tarde estarían sentados juntos en el suelo cerca a la chimenea,
y el fuego seguía encendido frente a ellos, salpicándolos con hadas y luciérnagas de fuego y madera que volaban sobre sus cabezas.
Ya terminándose el jugoso cordero, cálidos en la noche abisalmente gélida, alguna pregunta salía de él;
-Dime, ¿Qué te tuvo tanto tiempo callada?-
Ella lo miró de reojo, batió sus pestañas, y llevándose otro pedazo de carne, abrió la boca:
-Es que prefiero perderme de todo.-
Miró al fuego, callada por un momento, cogiéndose las rodillas.
-Me ha pasado todos los años en mi vida, pero ésa vez fue peor. Aborrezco el verano. Todo es juegos y alegría y calor, y ya nadie es especial porque todos lo son.-
Un segundo inclinó su cabeza.
-Nisiquiera yo... Nisiquiera tú.-
-¿Ya nos hemos salvado?-
-Sí. Cruzamos a través de la tormenta. Perdóname.-
Él dejó su comida a un lado. Se dio cuenta que cuanto más se conocía a sí mismo, más ignoraba a los demás. Incluso a Lyszica, y es que ahora vivían juntos.
Él la volteó a mirar abruptamente, y ella reaccionó; siempre que lo hacía le contaba algo importante.
-Te perdono. Sé que la verdadera Lyszica siempre vivió bajo tu piel.-
Y se quedaron mirándose;
Se miraban con ojos adormilados, a los ojos y sin vergüenza, como quien no quiere nada, en un silencio cómodo del de los amigos que se conocen hace marras.
Tuesday, November 15, 2011
Chispa #4: Una tonada
Yo siempre tendré cosas que no conté a nadie de lo que aparece por aquí. Tendré que explicarlo un poco:
Resulta que dos amigos, dos hombres se enamoraron de la misma mujer. Era curioso que por separado escucharon una tonada. Y ésa tonada evocaba a ésa mujer.
La canción no era de ella, no se le parecía. Pero ellos sí se parecían, y la amaron con la canción, por culpa de la canción.
---------------------------------------------------------------------------------------
No importa la tonada. Igualmente era hermosa, y éso lo único que importaba.
Hablaba de tierras lejanas, de dos amantes exóticos que corrían del mundo.
Que nunca escaparon, pero se prometieron que lo harían.
Hablaba de luces de ciudad, de faroles chinos en papel, y voces gritadas en secreto; sólo para uno más y nadie más.
Resulta que dos amigos, dos hombres se enamoraron de la misma mujer. Era curioso que por separado escucharon una tonada. Y ésa tonada evocaba a ésa mujer.
La canción no era de ella, no se le parecía. Pero ellos sí se parecían, y la amaron con la canción, por culpa de la canción.
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No importa la tonada. Igualmente era hermosa, y éso lo único que importaba.
Hablaba de tierras lejanas, de dos amantes exóticos que corrían del mundo.
Que nunca escaparon, pero se prometieron que lo harían.
Hablaba de luces de ciudad, de faroles chinos en papel, y voces gritadas en secreto; sólo para uno más y nadie más.
Monday, November 14, 2011
El día primero (Vixi) {volveré a tí}
Me enorgullezco de presentar mi siguiente parte del proyecto, con excelente calidad para compensar por mi ausencia los últimos días - 10 veces más calidad que cantidad, ojo.
Antes que nada, pido a quienes no llevan un buen rato aquí, que lean otro fragmento más breve, pues este, a pesar de valer la pena, es algo pesado.
A quienes llevan ya un buen rato, deberían saber un poco de Lyszica Vixi, el disfrute con esta pieza es muchísimo mejor cuando ya saben quién es ésta particular mujercita-animal.
Éste es el resultado que salió cuando me propuse detallar bien una hoja de papel hecha a mano, que estaba demasiado resumida como para contar en realidad el sinfin de cosas que escapaban a las palabras.
Y bien, lean con calma; pues todo lo bueno toma tiempo.
---------------------------------------
.......
Ése día de invierno él decidió aventurarse en algo nuevo para el momento, por lo que salió lejos de su casa a un lugar público; el sol lo hacía querer ver gente sonriéndole.
Pero salió y el sol se ocultó. Siguió su camino, con ánimos vacíos. Y llegó.
El sitio era un centro comercial en cemento y vidrio, con techos azules sobre su cabeza a 3 pisos de altura.
El cielo cuando miró se pintaba con sombras grises; sabían contrastar con el resto del mundo bajo sí.
No sentía frío. Como un lobo solitario, sabía calentarse en lo inhóspito; sabía cruzar la tundra con destreza sin sentir hielo en un sólo dedo.
Una vez adentro, se dio cuenta de lo rápido que el invierno había recobrado su territorio.
Afuera empezó el frío a dominarlo todo bajo un sol ausente y nubes blanquecinas.
Le gustó poder estar adentro.
Quería encontrar algo interesante; sabía que en el centro había un jardín.
Y todo ése frío lo hizo cambiar de parecer, se le antojó estar expuesto, sentarse a pensar como siempre lo hace.
Así que se dirigió edificio adentro, hasta que desde el balcón vio una persona allí abajo.
Era curiosa, bajó las escaleras como si nada. Y se acercó a mirarla. Resultó ser una mujer. Una capa tapaba su cara.
Ahora era una niña; pero tenía cuerpo de mujer.
Resultaba linda, pero algo en ella la hacía dejar de parecer específicamente atractiva sexualmente.
Él siguió acercándose,
Viendo cómo un chal de lana blanca en crochet contorneaba su hermoso pecho,
Mirando cómo una bufanda abierta descansaba sobre ella.
Y sus ojos hablaban con voz fuerte, estaban abiertos de par en par, bajo pestañas peludas, largas y tranquilas.
Fue cuando despertaron del punto vacío a donde miraban y se posaron sobre él.
Lo miraron de arriba abajo.
Ella tenía una boca pequeña, que lo parecía más en su silencio de atenta observadora. Se acomodó en su banca y evitó su mirada.
Ella se quedó quieta; se veía casi adorable.
Pero él seguía acercándose, y ésta vez notó en sus ojos una sombra rojiza, unas mejillas empapadas.
Y él con sus ganas de ver la sonrisa de la gente, le preguntó:
-¿No tienes frío? -
Se sentó al lado, y se disponía a quitarse su chaqueta cuando fue interrumpido:
-Siempre estoy tibia-, afirmó con un pequeño quiebre en su voz.
Él volvió a ponérsela, y sonrió un poco; sus primeras palabras fueron algo que él habría dicho con toda pertenencia.
Ella se llevó una mano a la cara. La vio sacudirse un poco debajo de su abundante cabello y su capa encapuchada, y ésa niña que antes estaba sentada sufrió una metamorfosis.
Cuando se volvió a mirarlo, sus mejillas eran de un color imperturbable. En sus ojos había confianza y se dio cuenta que eran cafés oscuros. Su boquita sonrió, y supo que tal vez se trataba de otra de ésas personas con montones de amigos.
Entonces, ¿Por qué estaba sola?
Y él quería ser un amigo de ella también. O quería una buena conversación. Como si nada, ella comentó sobre la tarde, le extrañaba que del ámbar haya pasado a ser todo blanquecino y gris.
A él no le importó. Le preguntó entonces por qué estaba sola.
-Hoy salí de mi casa sin avisar.- señaló, marcándole fin al tema.
Sólo un parpadeo después, agregó:
-Perdona mis pocos modales-
Se acomodó un poco su cabello café claro, casi dorado, -Soy heredera de la familia Vixen, mi nombre es Lyszica Vixi-
Ahora estaba alegre, y divertida, le preguntó a él su nombre.
Y ninguna palabra salió de su boca.
Frente a su silencio, se abalanzó sobre él, palpó violentamente su pelo y protestó:
-¡¿Cómo es posible que alguien tan mono no tenga nombre?!-
Acto seguido, lo miró con una cara curiosa y le dijo:
-Entonces cuéntame quién eres con lo que es tuyo.-
-¿Lo que es mío?-
Lyszica usaba el lenguaje muy curiosamente; como una bibliotecaria, por lo que decía mucho en muy pocas palabras.
-Sí. Lo que pertenece a tu vida.-
Antes de responder, pensó un momento su respuesta.
No era normal que una chica populachera hablara así de indescifrablemente, mucho menos que hablara sobre temas poco superficiales.
Él no hizo más que levantar una ceja cuando se dio cuenta.
Volvió a conectar la comunicación:
-Vivo solo. Me gusta andar solo, por eso no necesito nombre; a fin de cuentas si hablo conmigo mismo no necesitaré palabras, mucho menos un nombre.-
Ella sonrió con unos ojos entretenidos, como de animador en una fiesta.
-Sí, sí... ¿Y qué más?-
-Bueno... Sabrás que soy yo porque no doy interés. Para mí mismo, soy el más fascinante, pero los demás no lo entienden.-
-Vea pues.-
Él reprimió un suspiro.
¿Sería ella otra de ésas...?
Casi leyéndole la mente y con una chispa en el ojo, Lyszica agregó:
-Si nadie te entiende, es mejor que yo no sepa más, ¿Cierto?- .
...
-Pues sí.-
Y era cierto. Fácil era saber, un nuevo nivel es entender.
Estaban absorbiendo algo de frío, y el silencio no era nada, cada uno se conversaba por dentro entre sus intercambios de palabras.
La miró otra vez, le gustó su color dorado en el cabello.
Ella luego le contó que no tenía hermanos, y todo lo demás que es usual y banal. Él ahora sabía que ella en realidad no tenía amigos como pensó al verla. Y siempre le sonreía. Era una sonrisa festiva.
Ella, también atenta, lo escuchó; él decía todo lo que se preguntaba de ella.
Luego pausó y propuso:
-¿Te parece si entramos?-
Ella enérgicamente afirmó con la cabeza, se asomaba su saludable cabello castaño con oro.
Una vez adentro, comenzaron a pasear sin rumbo alguno.
Después de un momento, cuando él se supo entendido, le contaba de su vida propia, lo que era suyo.
Le decía que a él le gustaba conocer el rumbo de su vida. Pero no creía en el destino en absoluto, mucho menos en la suerte.
De la nada, con cara de perdida y su apariencia atontada, abrió la boca:
-Si no es suerte ni destino, tienes fuerza de voluntad, ¿No?-
Él sonrió. La chica ordinaria podía entenderlo como si nada.
Ella le devolvió el gesto, y como si sintiera una ansiedad, se detuvo en seco.
Él se dio cuenta, y un poco confundido, se volteó para verla. Vixi le hizo un gesto para que lo esperara, y se quitó la capucha.
Sacó su cabeza de entre los pliegues, y con ojos cerrados, bajo la luz del interior del edificio, sonrió sin abrir la boca.
Ahora la veía entera y claramente. La encontraba especialmente adorable.
Curioso era que su cabello parecía albergar muchos colores dentro de sí: ahora, sin el reflejo del cielo afuera, se había tornado castaño cobrizo.
Pero estaba un poco alborotado; no supo si era ondulado como lo vio en el frío, o si era lacio y estaba perturbado por la capucha que se había quitado.
Ella llevaba las manos hundidas en el bolsillo de su chaleco; la capa ya bajo el brazo.
Y lo miraba hacia arriba. Sólo un poquito hacia arriba; por más que él fuera altísimo, ella también lo era.
Ésos ojos lo encantaron.
Cuando le contaba algo que sólo se habría dicho a sí mismo por ser extraño, Vixi sonreía. Por alguna extraña razón relacionó su sonrisa con la de un animalito.
Ella le contaba que le agradaba cómo se sentía el invierno, cómo su respiración era un vaho y la nieve caía con gracia en todos lados.
Y él, casi espantado, abrió la boca:
-La única forma en que me lo puedo aguantar, es prendiendo un buen fuego y saliendo con el sol.-
Después de callar un momento, agregó:
-Pero tú no lo necesitas, dijiste que siempre estabas tibia, ¿No?.-
-Sí.-
Vixi se arrimó un poquito cerca a él, sabrá Dios por qué. Y no lo tocó.
Tal vez ése era su propósito: con sólo verla, sabía que ella andaba siempre cálida. Su fluida cabellera era, se atrevería a decir, cómoda de mirar.
Y en realidad debería ser insoportablemente cómoda.
Se alejó otra vez, y como si nada, en un parpadeo reanudó la conversación.
-También me gusta llegar a casa, a dejar todas mis congeladas capas, pero sentir también el frío adiestrado dentro de las paredes.-
A él le faltaba un poco de concentración.
-¿Todas las capas?-
Vixi lo miró de reojo, y luego lo petrificó con la mirada, como quien afirma y niega ambiguamente un todo y pide que cierren la boca.
Él murió un poquito por dentro.
Vixi se dio cuenta, y se rió de buena gana: su voz no era débil, pero seguía siendo una criatura frágil.
Miraron afuera; ya ni una pizca de blanco ni ámbar ni nada quedaba. Sólo se veía un negro infinito desde el fin de las luces.
Vixi miró allí lejos, y abrió la boca:
-Afuera. Quiero ir afuera.-
Curioso era, y agradable al mismo tiempo que estuviera ahora caminando como hermanos con una completa extraña.
Salieron, y recordó él lo frígido que era el negro. Hace poco oscureció y ya se sentía como medianoche.
A un lado escuchó un rozar de ropajes, y era Vixi acomodándose todo encima, dando un cuarto de vuelta emocionada, aparentemente sin destino.
De debajo de la capucha vivía una vocecita suave:
-Sígueme.-
...
Y atrás que ella escuchaba pasos grandes en la nieve; se sintió algo protegida.
...
Silencio. No intercambiaron una sola palabra en el camino. La quieta noche producía pocos sonidos: pasos leves, un ruido de carros a lo lejos, el viento, y nada más. Pero por primera vez, ésa desolación era agradable. Plácidamente esperaron a que los pasos terminaran. Y lento se acercaban a un parque.
Éste parque en particular era bastante urbanizado en todos lados. Una acera de asfalto lo cruzaba por la mitad, carecía de iluminación, y tenía flores durmientes escondidas en el negro, salpicadas sobre los arbustos.
Pero allí, al otro lado estaba un farol. Se sentaron, cerca estaba una banca.
Allí, la miró a la cara.
Veía cómo su cobrizo cabello esquivaba su carita y se deslizaba inclemente sobre todo.
Con la luz del farol, notó también que sus ojos en realidad tenían un color miel, claros y suaves como una caricia entre manos.
Ojos que estaban ahora puestos sobre él, desinteresados. Ojos que lo encantaron.
No lo obsesionaron. Tampoco lo capturaron.
Pero lo encantaron.
Ella lo desconectó de un brusco parpadeo.
La misma vocecita suave de antes abrió insignificante, meliflua y sedante, cada vez más pesada.
-¿Sabes?-
-Yo tengo otro nombre.-
Y su voz rompió con el fondo, se desató todo lo pequeño, y dulce, escapó:
-Nipuna-
Y él repitió:
-Nipuna-
Fue lo único que salió de su boca en forma de un vaho, en el aire negrísimo.
No lo notó, pero a ella le agradó, sonrió un poco y escondió su cuello un poco bajo la ropa.
-Sí. Me lo inventé de pequeña.-
-¿De pequeña?-
-Vivía con mis papás... yo..-
-¿Vivías?-
-Shh... Cuando quería hablar de mí misma, me gustaba hacerlo con la palabra “Nipuna”-
Y ésta vez él escuchaba con cuidado. Ella se sintió recibida.
-Soy una loca. O eso me dicen mis papás. Últimamente he estado haciendo aquello que me apasiona, me ha gustado salir a sentir cosas como la nieve que amo.-
-...Y es que hacer algo esencial está visto como una locura en éste mundo...-
Nipuna le sonrió, otra vez evocando la imagen de algún animalillo contento.
... -Sí.-, le respondió con una voz que casi reprimía una risa.
Y luego rectificó el tema:
-Yo creo que mis padres son los dementes. Me tienen amarrada con todo, son insoportablemente sobreprotectores cada vez que salgo.-
Suspiró una vez, sin descanso en él.
“Lyszica, no puedes llevarte la bufanda”(Que tanto me gusta)“ni puedes irte a éstas horas”(Y me encanta el atardecer)-
Cerró los ojos, y muy para empeorar su amargura súbita, sonó un timbre bajo su capa.
Cansada, agarró el teléfono celular como si nada, marcó el botón rojo para colgar, y se lo guardó.
Abrió los ojos y lo volteó a mirar.
Él estaba ahí, justo antes de comentar:
-Ahora mismo estás haciendo lo que quieres.-
Ella lo recibió con los ojos y aclaró:
-Ando con las semillas del futuro que sí veo, con un futuro que sí quiero ver florecer-
En él despertó la curiosidad:
-¿Y cómo es tu futuro?-
-Quiero que alguien le de vueltas a mi mundo. Y si no está, yo misma se las daré.-
Ella se estiró una frágil mano hacia la cara, se acomodó su capucha de modo que la cubriera toda, y se levantó.
....
Una voz confiable le dijo:
-Aún así, no todo lo que quiero lo podré hacer. Me tengo que ir.-
Él la miró extrañado; así no debía terminar todo.
Ante el silencio, como si a ella se le olvidara algo, se peinó un poco deslizando su mano en la capucha, le dio la cara, y quietita en frente de él habló:
-Juro que volveré a ti-
Rápido, él pensó en todo lo necesario.
Sacó una tarjeta y se la entregó.
-Sabrás dónde vivo. Por favor ven cuando puedas.-
Ella le sonrió. En ése momento se anidó algo que lo embrujaría hasta mucho más tarde.
Con esto hecho, ella se dio la vuelta, se aseguró de tener la capota en su lugar, y se puso en marcha.
Se meneaba toda bajo la capa; él la vio avanzar con gracia y desaparecerse en lo negro.
Se habló en un susurro:
-“Juro que volveré a ti”-
Antes que nada, pido a quienes no llevan un buen rato aquí, que lean otro fragmento más breve, pues este, a pesar de valer la pena, es algo pesado.
A quienes llevan ya un buen rato, deberían saber un poco de Lyszica Vixi, el disfrute con esta pieza es muchísimo mejor cuando ya saben quién es ésta particular mujercita-animal.
Éste es el resultado que salió cuando me propuse detallar bien una hoja de papel hecha a mano, que estaba demasiado resumida como para contar en realidad el sinfin de cosas que escapaban a las palabras.
Y bien, lean con calma; pues todo lo bueno toma tiempo.
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Ése día de invierno él decidió aventurarse en algo nuevo para el momento, por lo que salió lejos de su casa a un lugar público; el sol lo hacía querer ver gente sonriéndole.
Pero salió y el sol se ocultó. Siguió su camino, con ánimos vacíos. Y llegó.
El sitio era un centro comercial en cemento y vidrio, con techos azules sobre su cabeza a 3 pisos de altura.
El cielo cuando miró se pintaba con sombras grises; sabían contrastar con el resto del mundo bajo sí.
No sentía frío. Como un lobo solitario, sabía calentarse en lo inhóspito; sabía cruzar la tundra con destreza sin sentir hielo en un sólo dedo.
Una vez adentro, se dio cuenta de lo rápido que el invierno había recobrado su territorio.
Afuera empezó el frío a dominarlo todo bajo un sol ausente y nubes blanquecinas.
Le gustó poder estar adentro.
Quería encontrar algo interesante; sabía que en el centro había un jardín.
Y todo ése frío lo hizo cambiar de parecer, se le antojó estar expuesto, sentarse a pensar como siempre lo hace.
Así que se dirigió edificio adentro, hasta que desde el balcón vio una persona allí abajo.
Era curiosa, bajó las escaleras como si nada. Y se acercó a mirarla. Resultó ser una mujer. Una capa tapaba su cara.
Ahora era una niña; pero tenía cuerpo de mujer.
Resultaba linda, pero algo en ella la hacía dejar de parecer específicamente atractiva sexualmente.
Él siguió acercándose,
Viendo cómo un chal de lana blanca en crochet contorneaba su hermoso pecho,
Mirando cómo una bufanda abierta descansaba sobre ella.
Y sus ojos hablaban con voz fuerte, estaban abiertos de par en par, bajo pestañas peludas, largas y tranquilas.
Fue cuando despertaron del punto vacío a donde miraban y se posaron sobre él.
Lo miraron de arriba abajo.
Ella tenía una boca pequeña, que lo parecía más en su silencio de atenta observadora. Se acomodó en su banca y evitó su mirada.
Ella se quedó quieta; se veía casi adorable.
Pero él seguía acercándose, y ésta vez notó en sus ojos una sombra rojiza, unas mejillas empapadas.
Y él con sus ganas de ver la sonrisa de la gente, le preguntó:
-¿No tienes frío? -
Se sentó al lado, y se disponía a quitarse su chaqueta cuando fue interrumpido:
-Siempre estoy tibia-, afirmó con un pequeño quiebre en su voz.
Él volvió a ponérsela, y sonrió un poco; sus primeras palabras fueron algo que él habría dicho con toda pertenencia.
Ella se llevó una mano a la cara. La vio sacudirse un poco debajo de su abundante cabello y su capa encapuchada, y ésa niña que antes estaba sentada sufrió una metamorfosis.
Cuando se volvió a mirarlo, sus mejillas eran de un color imperturbable. En sus ojos había confianza y se dio cuenta que eran cafés oscuros. Su boquita sonrió, y supo que tal vez se trataba de otra de ésas personas con montones de amigos.
Entonces, ¿Por qué estaba sola?
Y él quería ser un amigo de ella también. O quería una buena conversación. Como si nada, ella comentó sobre la tarde, le extrañaba que del ámbar haya pasado a ser todo blanquecino y gris.
A él no le importó. Le preguntó entonces por qué estaba sola.
-Hoy salí de mi casa sin avisar.- señaló, marcándole fin al tema.
Sólo un parpadeo después, agregó:
-Perdona mis pocos modales-
Se acomodó un poco su cabello café claro, casi dorado, -Soy heredera de la familia Vixen, mi nombre es Lyszica Vixi-
Ahora estaba alegre, y divertida, le preguntó a él su nombre.
Y ninguna palabra salió de su boca.
Frente a su silencio, se abalanzó sobre él, palpó violentamente su pelo y protestó:
-¡¿Cómo es posible que alguien tan mono no tenga nombre?!-
Acto seguido, lo miró con una cara curiosa y le dijo:
-Entonces cuéntame quién eres con lo que es tuyo.-
-¿Lo que es mío?-
Lyszica usaba el lenguaje muy curiosamente; como una bibliotecaria, por lo que decía mucho en muy pocas palabras.
-Sí. Lo que pertenece a tu vida.-
Antes de responder, pensó un momento su respuesta.
No era normal que una chica populachera hablara así de indescifrablemente, mucho menos que hablara sobre temas poco superficiales.
Él no hizo más que levantar una ceja cuando se dio cuenta.
Volvió a conectar la comunicación:
-Vivo solo. Me gusta andar solo, por eso no necesito nombre; a fin de cuentas si hablo conmigo mismo no necesitaré palabras, mucho menos un nombre.-
Ella sonrió con unos ojos entretenidos, como de animador en una fiesta.
-Sí, sí... ¿Y qué más?-
-Bueno... Sabrás que soy yo porque no doy interés. Para mí mismo, soy el más fascinante, pero los demás no lo entienden.-
-Vea pues.-
Él reprimió un suspiro.
¿Sería ella otra de ésas...?
Casi leyéndole la mente y con una chispa en el ojo, Lyszica agregó:
-Si nadie te entiende, es mejor que yo no sepa más, ¿Cierto?- .
...
-Pues sí.-
Y era cierto. Fácil era saber, un nuevo nivel es entender.
Estaban absorbiendo algo de frío, y el silencio no era nada, cada uno se conversaba por dentro entre sus intercambios de palabras.
La miró otra vez, le gustó su color dorado en el cabello.
Ella luego le contó que no tenía hermanos, y todo lo demás que es usual y banal. Él ahora sabía que ella en realidad no tenía amigos como pensó al verla. Y siempre le sonreía. Era una sonrisa festiva.
Ella, también atenta, lo escuchó; él decía todo lo que se preguntaba de ella.
Luego pausó y propuso:
-¿Te parece si entramos?-
Ella enérgicamente afirmó con la cabeza, se asomaba su saludable cabello castaño con oro.
Una vez adentro, comenzaron a pasear sin rumbo alguno.
Después de un momento, cuando él se supo entendido, le contaba de su vida propia, lo que era suyo.
Le decía que a él le gustaba conocer el rumbo de su vida. Pero no creía en el destino en absoluto, mucho menos en la suerte.
De la nada, con cara de perdida y su apariencia atontada, abrió la boca:
-Si no es suerte ni destino, tienes fuerza de voluntad, ¿No?-
Él sonrió. La chica ordinaria podía entenderlo como si nada.
Ella le devolvió el gesto, y como si sintiera una ansiedad, se detuvo en seco.
Él se dio cuenta, y un poco confundido, se volteó para verla. Vixi le hizo un gesto para que lo esperara, y se quitó la capucha.
Sacó su cabeza de entre los pliegues, y con ojos cerrados, bajo la luz del interior del edificio, sonrió sin abrir la boca.
Ahora la veía entera y claramente. La encontraba especialmente adorable.
Curioso era que su cabello parecía albergar muchos colores dentro de sí: ahora, sin el reflejo del cielo afuera, se había tornado castaño cobrizo.
Pero estaba un poco alborotado; no supo si era ondulado como lo vio en el frío, o si era lacio y estaba perturbado por la capucha que se había quitado.
Ella llevaba las manos hundidas en el bolsillo de su chaleco; la capa ya bajo el brazo.
Y lo miraba hacia arriba. Sólo un poquito hacia arriba; por más que él fuera altísimo, ella también lo era.
Ésos ojos lo encantaron.
Cuando le contaba algo que sólo se habría dicho a sí mismo por ser extraño, Vixi sonreía. Por alguna extraña razón relacionó su sonrisa con la de un animalito.
Ella le contaba que le agradaba cómo se sentía el invierno, cómo su respiración era un vaho y la nieve caía con gracia en todos lados.
Y él, casi espantado, abrió la boca:
-La única forma en que me lo puedo aguantar, es prendiendo un buen fuego y saliendo con el sol.-
Después de callar un momento, agregó:
-Pero tú no lo necesitas, dijiste que siempre estabas tibia, ¿No?.-
-Sí.-
Vixi se arrimó un poquito cerca a él, sabrá Dios por qué. Y no lo tocó.
Tal vez ése era su propósito: con sólo verla, sabía que ella andaba siempre cálida. Su fluida cabellera era, se atrevería a decir, cómoda de mirar.
Y en realidad debería ser insoportablemente cómoda.
Se alejó otra vez, y como si nada, en un parpadeo reanudó la conversación.
-También me gusta llegar a casa, a dejar todas mis congeladas capas, pero sentir también el frío adiestrado dentro de las paredes.-
A él le faltaba un poco de concentración.
-¿Todas las capas?-
Vixi lo miró de reojo, y luego lo petrificó con la mirada, como quien afirma y niega ambiguamente un todo y pide que cierren la boca.
Él murió un poquito por dentro.
Vixi se dio cuenta, y se rió de buena gana: su voz no era débil, pero seguía siendo una criatura frágil.
Miraron afuera; ya ni una pizca de blanco ni ámbar ni nada quedaba. Sólo se veía un negro infinito desde el fin de las luces.
Vixi miró allí lejos, y abrió la boca:
-Afuera. Quiero ir afuera.-
Curioso era, y agradable al mismo tiempo que estuviera ahora caminando como hermanos con una completa extraña.
Salieron, y recordó él lo frígido que era el negro. Hace poco oscureció y ya se sentía como medianoche.
A un lado escuchó un rozar de ropajes, y era Vixi acomodándose todo encima, dando un cuarto de vuelta emocionada, aparentemente sin destino.
De debajo de la capucha vivía una vocecita suave:
-Sígueme.-
...
Y atrás que ella escuchaba pasos grandes en la nieve; se sintió algo protegida.
...
Silencio. No intercambiaron una sola palabra en el camino. La quieta noche producía pocos sonidos: pasos leves, un ruido de carros a lo lejos, el viento, y nada más. Pero por primera vez, ésa desolación era agradable. Plácidamente esperaron a que los pasos terminaran. Y lento se acercaban a un parque.
Éste parque en particular era bastante urbanizado en todos lados. Una acera de asfalto lo cruzaba por la mitad, carecía de iluminación, y tenía flores durmientes escondidas en el negro, salpicadas sobre los arbustos.
Pero allí, al otro lado estaba un farol. Se sentaron, cerca estaba una banca.
Allí, la miró a la cara.
Veía cómo su cobrizo cabello esquivaba su carita y se deslizaba inclemente sobre todo.
Con la luz del farol, notó también que sus ojos en realidad tenían un color miel, claros y suaves como una caricia entre manos.
Ojos que estaban ahora puestos sobre él, desinteresados. Ojos que lo encantaron.
No lo obsesionaron. Tampoco lo capturaron.
Pero lo encantaron.
Ella lo desconectó de un brusco parpadeo.
La misma vocecita suave de antes abrió insignificante, meliflua y sedante, cada vez más pesada.
-¿Sabes?-
-Yo tengo otro nombre.-
Y su voz rompió con el fondo, se desató todo lo pequeño, y dulce, escapó:
-Nipuna-
Y él repitió:
-Nipuna-
Fue lo único que salió de su boca en forma de un vaho, en el aire negrísimo.
No lo notó, pero a ella le agradó, sonrió un poco y escondió su cuello un poco bajo la ropa.
-Sí. Me lo inventé de pequeña.-
-¿De pequeña?-
-Vivía con mis papás... yo..-
-¿Vivías?-
-Shh... Cuando quería hablar de mí misma, me gustaba hacerlo con la palabra “Nipuna”-
Y ésta vez él escuchaba con cuidado. Ella se sintió recibida.
-Soy una loca. O eso me dicen mis papás. Últimamente he estado haciendo aquello que me apasiona, me ha gustado salir a sentir cosas como la nieve que amo.-
-...Y es que hacer algo esencial está visto como una locura en éste mundo...-
Nipuna le sonrió, otra vez evocando la imagen de algún animalillo contento.
... -Sí.-, le respondió con una voz que casi reprimía una risa.
Y luego rectificó el tema:
-Yo creo que mis padres son los dementes. Me tienen amarrada con todo, son insoportablemente sobreprotectores cada vez que salgo.-
Suspiró una vez, sin descanso en él.
“Lyszica, no puedes llevarte la bufanda”(Que tanto me gusta)“ni puedes irte a éstas horas”(Y me encanta el atardecer)-
Cerró los ojos, y muy para empeorar su amargura súbita, sonó un timbre bajo su capa.
Cansada, agarró el teléfono celular como si nada, marcó el botón rojo para colgar, y se lo guardó.
Abrió los ojos y lo volteó a mirar.
Él estaba ahí, justo antes de comentar:
-Ahora mismo estás haciendo lo que quieres.-
Ella lo recibió con los ojos y aclaró:
-Ando con las semillas del futuro que sí veo, con un futuro que sí quiero ver florecer-
En él despertó la curiosidad:
-¿Y cómo es tu futuro?-
-Quiero que alguien le de vueltas a mi mundo. Y si no está, yo misma se las daré.-
Ella se estiró una frágil mano hacia la cara, se acomodó su capucha de modo que la cubriera toda, y se levantó.
....
Una voz confiable le dijo:
-Aún así, no todo lo que quiero lo podré hacer. Me tengo que ir.-
Él la miró extrañado; así no debía terminar todo.
Ante el silencio, como si a ella se le olvidara algo, se peinó un poco deslizando su mano en la capucha, le dio la cara, y quietita en frente de él habló:
-Juro que volveré a ti-
Rápido, él pensó en todo lo necesario.
Sacó una tarjeta y se la entregó.
-Sabrás dónde vivo. Por favor ven cuando puedas.-
Ella le sonrió. En ése momento se anidó algo que lo embrujaría hasta mucho más tarde.
Con esto hecho, ella se dio la vuelta, se aseguró de tener la capota en su lugar, y se puso en marcha.
Se meneaba toda bajo la capa; él la vio avanzar con gracia y desaparecerse en lo negro.
Se habló en un susurro:
-“Juro que volveré a ti”-
Saturday, November 5, 2011
Tazas de Té
Hoy continúo con otro fragmento de la historia de Lyszica.
Ésto ocurre unos pocos meses después de conocerse, cuando la primavera florecía y ella vivía sola. Sentía todo diferente, sobre todo anhelo.
Y por primera vez le había fallado. Ella sentía dolor en su corazón, su buzón de la casa vacío, y él que iba a venir.
Pero como si no hubiera leído nada.
Y ella lo sabía; tendría que recibirlo, sólo no como ella hubiera querido.
Lo vio llegando.
Se le revolvían las tripas con sólo verlo.
Imbécil.
Tocó la puerta. Ella atendió de mala gana; ya le molestaba tenerlo ahí, porque no la merecía a ella.
Miró sus ojos poderosos que tanto la encantaban, pero se sentía mal con ellos.
Él la miró. Estaba inusualmente hermosa; se había cogido el cabello y daba vueltas detrás de su cuello. Tenía los labios un poquito más rojos, unos ojos de furia y un color miel, brillantes y ocultos tras pestañas muy femeninas. Pero tenía un cachete rasguñado, no sabía por qué.
Vio una mesa pequeña de ricos tallados al fondo de la sala, y sobre ella, una abandonada bandeja con té,
tenía dos tacitas.
-Vine a devolverte la bufanda-
-Sí. Déjala allí- Respondió ella con el índice apuntando hacia el sillón.
-Perdóname por sólo pasarme un rato, tengo que seguir mi investigación para El Puente-
Ella lo miró, al fin demostrando su rabia con un puchero.
-¡Quería pasar la tarde contigo!- dijo, y seguido, lo rasguñó de un zarpazo sobre la nariz.
-¡Vete, lárgate con tu trabajo feo!-
Él la miró sorprendido. Sabía lo que había hecho.
Y habría dado todo por estar con ella, pero tenía sus responsabilidades.
Se dio media vuelta, y antes de salir del patio, volteó a mirar brevemente para ver otra vez lo linda que estaba.
Pero la puerta ya estaba cerrada.
Con un suspiro se fue como un perro regañado.
Ella tuvo que sacarlo rápido porque no le gustaba que la vieran llorar.
Miró a la bandeja con té, cogió sólo una taza, y se preparó uno con miel; como para menguar la amargura
Tomó un sorbo, y como si fuera papel y lápiz para el alma, una idea fluía de sí.
Desearía que él se fuera a vivir a su casa; deseaba tenerlo cerquita todo el día, compartir una vida en lo descuidado y cotidiano. Le parecía bonito poder hacerlo sin tensiones, el no cruzarse una sola palabra,
Además de tolerarse como viejos amigos, sentían amor. Un amor que no depende de las acciones, sino de conocerse y saber que el otro está ahí y saber que nunca se va a estar solo.
Con sorbos lentos, acompañada por el sol en el campo afuera, se terminó su té.
Paciente, arregló la mesita que había preparado, y se miró al espejo.
Era cierto que estaba linda, y cómo no; lo hizo a propósito.
Se resignó a la soledad, y se acordó de la razón oficial que él tenía para venir: su bufanda.
La cogió para descubrir que tenía un fuerte olor a él, a canela y a hombre.
La llevó con ella y se enrolló como un gato alrededor, sobre el sillón abrazó un cojín con ternura, y con su aroma casi envolviéndola, se echó a dormir.
4 Horas después despertaría sola, habría soñado que se dormía en una cama junto a él.
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