A continuación agregaré mi más reciente creación, mi primer paso en un tipo de literatura un poco más ligera, un poco menos de pensar profundamente, con más de leer por diversión sólamente.
Resulta que, si quiero lanzarme a la fantasía y a un tono que contiene la ligereza del humor, ¿Por qué no hacerlo, lanzando a una loca a mi mundo ya creado?
(recuerden que es posible comentar sin restricciones; especialmente con esto, que me gustaría saber qué les ha parecido mi auto-exploración literaria.)
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Un buen día cualquiera se apareció una mujer de las sombras.
Era un buen día, y ella una bella mujer. Salió como si nada, literalmente en un estallido de negro polvo y chispas, como hacen los magos baratos para fingir que hacen magia.
Pero ésta vez era verdadera magia. Venía desnuda y tranquila, y parecía traer la bruma negra consigo, de modo que parecía ser su ropa.
Su tranquilidad se deshizo en segundos, y se convirtió en terror puro cuando, a pesar de saber pefectamente de dónde estaba, escuchó un pito de un carro a unos metros de ella.
Había aparecido en medio de la calle.
Miró a los lados boquiabierta, sin discreción, como si nadie la estuviera mirando. Entonces se armó de valor contra el engendro metálico, y persiguió al carro vociferando palabras en un idioma que pasaba entre los chasquidos mecánicos y terminaba con una voz gutural directo de la garganta y los pulmones.
El enemigo se había alejado. Tal vez demasiado. Ella bajó la cabeza, la habían rechazado por primera vez en un duelo aquí. O tal vez le tenía miedo. Sí, eso debió ser.
-¡Cobarde! -le gritó en su idioma natal.
Ella se moría de ira.
Y el resto de la gente que la miraba como lo que era: una venida de otro mundo, loca y rara.
En esto, ella enrabietada miraba a los ojos a los transeúntes, gente común, que inmediatamente la ignoraban e intentaban seguir con sus quehaceres como si nada nunca hubiera pasado, como para evitar morir estrangulados por una aparición, dejando una muerte difícil de explicar a sus parientes.
La nube se hizo más densa, la envolvió por completo, y ella escapó enrabietada, dejándola atrás flotando, con una estela que parecía emanar de su piel siguiéndola.
Conforme avanzaba, los transeúntes más atrevidos le dirigían la palabra de manera indecorosa:
-¡Mamasita!
-Miren a esa preciosidad...
-¡Uy, una loca!
-¡Ventílate esa cosa negra que no te puedo ver las tetas!
Ella simplemente los miraba por un instante, sin perder su concentración. No los compendía; balbuceaban en voz alta cosas sin sentido. ¿Qué diablos habrán dicho? No se veían como una amenaza, pero tampoco se veían amistosos. ¿Tendrían hambre? ...¿Es que acaso me ven con cara de pan?
En todo caso, no era divertido andar por allí. Quería irse, y siguió marchando furibunda.
De un momento para otro, otra voz como las anteriores, con cierto tiemble en la voz le habló con el acento de un trovador antiguo:
-¿Será posible?
Y lo entendía perfectamente. Extrañamente también, el hombre tenía la misma pinta que los demás, pero sí le hablaba a ella y no con balbuceos caprichosos de hambriento invasivo.
Ella inmediatamente le puso toda su atención, se volteó y se detuvo en seco.
La mujer en sí medía unos descomunales dos metros, y su salvaje cabello se alborotaba caprichosamente, la última punta llegando tan bajo como sus caderas.
La estela pronto la envolvió en una nube todavía más alta que ella.
Y el hombre, atónito, se quedó mirándola, ahora sí balbuceando en ningún idioma, preguntándose qué hacer ahora.
Abrió la boca un poco más de lo que estaba, y volvían a correr palabras inteligibles de entre su lengua:
-Sé que me entiendes hablando Kikrálgon, criatura fascinante.
Tenía una mirada de observador ansioso pero inocente.
-Por supuesto. ¡Y no soy ninguna criatura! Podría ser tu maldita reina, dada tu patética estatura.
El hombre casi se va para atrás de la impresión que le causó escuchar el idioma por primera vez, estaba literalmente hablando con sus sueños de académico.
Todo ésto ocurría como si nada en medio de la vía pública, un bello día cualquiera.
La gente miraba con una caracterísica expresión de desconcierto, con una ceja levantada, un ceño fruncido, o la boca retraída a medio lado, como lo hace uno con asco; y los ojos bien abiertos.
Alguien rompió a reir, pensando que se trataba de otra de esas actuaciones callejeras.
Pero iba en serio. La mujer le gritó por su blasfemo irrespeto, y lanzándole una bola negra de sustancioso vapor ónice negro, lo empujó brutalmente hasta quedar tendido de espaldas contra el hormigón.
Con esto, la gente se alejó de puro miedo, algunos corrían, y en la situación que requería de una acción rápida, el hombre habló fuerte para esucharse por encima del ruido de la gente:
-Si esto no es un sueño, cárgame hacia la casa de allí -el hombre señalaba a un lugar bastante lejano, que se veía claramente pasando algunas calles en frente.
La bruja, sin más agregar se lo llevó a los hombros y marchó brutal, cruzando por entre los carros que se despegaban del asfalto y de su paso de caracol.
Lo que antes parecía una loca rara, ahora era un complejo caso de secuestro místico, o tal vez una demostración atlética muy elaborada, con efectos especiales.
Finalmente llegaron a la casa, y el hombre pataleaba para soltarse. Unas piernas que se sacudían chocaron con el suelo violentamente unos segundos después.
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