Saturday, January 14, 2012

Fundación del Segundo Edén (fuerza de voluntad)


 Incluyo a continuación la segunda parte (que curiosamente, escribí primero) detrás de la formación de mi pequeño universo. Sí, son ésa pareja.
(recomiendo que lean la primera parte, en octubre, 2011)



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«Fuerza de voluntad: una forma del alma que quemaba sólo cuando era necesario tener esperanza en medio de la incertidumbre y la desolación»


Parte 2:

Habían escapado del desorden y la tristeza: de la rutina y el resto de la gente, hace años.
Hace 100 años se fueron a vivir los primeros, en la hermosa tierra verde de pastos altos y árboles titánicos y enredaderas y pocas flores y rocas y ríos grisáceos, cristalinos.

Sólo que para entonces no fue así. Eran un hombre y una mujer. Se escondieron en una cueva en medio del desierto que era el lugar, en la que encontraron una fuente subterránea fresca que nunca se secó.
Y habían llevado semillas de frijoles de agua, que usaban las impurezas para alimentarse. Brotaban rápidamente y hacían abundante fruto, carnoso y nutría bien.

Con éste logro de genética del mundo ya dejado atrás, pudieron vivir en su refugio de enamorados.
Tuvieron hijos. Sus nombres no se dieron a conocer nunca, pero sus hazañas no desaparecieron. 

En cuanto a los padres, resultaba curioso que sólo buscaban su diario cuando sentían desasosiego y falta de ánimo. (En otros días escribirían de lo bonito que brillaba el sol o de otras banalidades, pero nunca ocurrió así)


Resultaba curioso, pero era razonable.


A ellos no les afectaba mucho la vida cuando la vivían siguiendo su estrella del norte, con un faro de tranquilidad por delante,
cuando estaban entretenidos con lo simple. 

Pero cuando los presionaba la angustia o cargaban con un peso, sus maravillosas almas decidían brillar con la chispa de la voluntad, y el canto prístino del ave que nunca muere: la lumbrera de la esperanza.

No era práctica ésa chispa.
Era un deseo por vivir, y unas ganas de pensarlo todo a fondo. 
Ellos le sacaron el jugo a la soledad. Se alimentaron de ella, se encontraron consigo mismos; y purificaron su alma.
       
             -como el oro verdadero, que se revela sólo al calor insoportable del fuego.

De modo que sentían más, se preocupaban más, 
Y escribían:
“Hoy, mirando el atardecer por entre las áridas columnas de roca amarillenta del desierto, me sentí sola. 
Tenía a mi marido a mi lado, pero estaba sola. 
Me di cuenta del gran destino que me propuse hace años. Me di cuenta que esto es lo que elegí.” 

Y en el diario del padre leía: “Hoy me propuse lograr algo: Quiero mejorar mi vida. Quiero arreglar todo lo que me rodea, todo mi mundo... Todo éste desierto.”

Eventualmente todo aquello lo lograría, por más que una vida se consumara y un esfuerzo sobrehumano pareciese no dar fruto.


Se dedicó a educar a sus hijos y a enseñarles lo poco que podía mostrarles en ese mundo que tan poco era. 
Pero les infundió su espíritu con cada palabra que decía y cada cosa que hacía.

Sus pequeños ojos brillaban expectantes, contrastando con lo gris y rojizo del interminable desierto.
Aspiraban a tanto más de lo poco que podían, que se les veía pensativos, observadores,
Como quienes tienen la mente lista para darle amanecer a un nuevo mundo,

Como esperando a que algo les diera luz verde para salir y construir sus destinos.


En el desierto divagaban desde la tarde;
En las noches trabajaban mientras sus padres dormían, ganando ventaja con sus planes.

Y es que compartían el deseo de su padre: querían mejorar su mundo,




Y algún día lo hicieron.