Monday, October 31, 2011

Chispa #3: palabras del Rey de la Noche

 "Ellos me temen, porque saben que soy poderoso.
Me detestaban y me mataron porque yo era diferente y no me entendían.

Mi negro de infinito terror no es más que la luz del cambio, pero sus ojos incluso todavía le temen al cambio."

El Puente

Explico entonces una de tantas cosas únicas que nacen en mi historia.

"El Puente" es una de ellas; una organización ya salida a la luz pública, que intenta destapar las conecciones entre dos mundos, el del pensamiento y el material.

En realidad, "El Puente" será el nombre que cobijará a todas mis reflexiones filosóficas. Tiene más que ver con la filosofía y la psicología que con todo lo demás. 


Como son una organización semi-académica, dan interesantes teorías y definiciones de todo en la vida desde su punto de vista, una vez más para sentarse y pensar.

El puente

Organización casi filosófica que buscaba destapar los varios secretos en el mundo inmaterial.
Investigaban día y noche bajo un puente; o mejor dicho, un edificio con forma de puente.

Eligieron al puente como símbolo porque ellos buscaban encontrar una conexión entre mundos.


Querían confirmar lo que decían; como que algo artístico e inmaterial como la música puede crearse a partir de algoritmos matemáticos sólamente.

Con un rigor escolástico se internaban a clasificar todos los sentimientos como si fueran animales en una enciclopedia.
De allí producían sus joyas: códices ricamente ataviados con diseños calmantes.
Y es que ellos sí sabían cómo hacerlo, pues ya sabían la fórmula lógica para crear una imagen calmante.

Tenían su recopilación de todas las pequeñeces del mundo, aquellas que son más que lo grande, sólo por ser difíciles de ver.
Y las veían a todas con ideas claras y crudas, que parecían mentira porque las palabras nunca alcanzaban.


A éste organismo de Palesia pertenecía él.
Lo fueron a buscar porque tenía los ojos perdidos estando cerca de su casa. Y no estaba triste. Sólo lo hacía casi como pasatiempo.

Él hacia involuntariamente lo que todos en El Puente hacen: investigar cavilando entre lo inmaterial.

Sunday, October 30, 2011

Casi un prólogo: el comienzo de todo

A continuación cuento el nacimiento del lejano mundo; el mundo en donde todos mis corazones forjados se han hospedado.


Parte 1:


Se sabe que durante ésos años el cauce del río de la ciudad central bajó. Pensaron que era un sequía, pero todo lo demás estaba perfectamente.


El lugar era más que inhóspito;
La sequedad increíble del desierto era caliente: un volcán terrible explotaba constantemente, y nunca fallaba en matar la poca vida que intentaba hospedarse en el valle.


Descubrieron después que la represa natural que bloqueaba el flujo hacia el desierto de Nassan había sido abierta. 
Estimaron que el trabajo debió ser de al menos unos 20 hombres, alguna corporación ambiciosa que buscaba volver al desierto un lago o algo así para excavar minerales. Pero nadie en la ciudad respondió. Y es que parecía increíblemente desmedido por el fuerte olor a azufre y los gases tóxicos que oscurecían el cielo cuando el volcán explotaba.

-



Allá, más allá de las montañas se respiraba un puro aire en un lugar idílico, todo florecía como si se le hubiese sido perdonada la eterna muerte a alguna parte de los Jardines del Edén.


Y desde una esquina crecían helechos en el paisaje empapado, mientras en la otra esquina del valle avanzaban valientemente unas enredaderas. En el medio, se estableció un pasto largo, y las dunas pasaban a ser colinas boscosas. 

El viento parecía siempre soplar desde una altísima columna de roca natural cerca de la cordillera que separaba a ése antiguo infierno de la ciudad.


Debajo de la columna siempre existió un oasis. 

Y en ésos años también apareció el retoño de una especie de roble sobre la vieja columna.

Todo mientras el cielo aclaraba, pero el humo vil del volcán se veía cada vez más amenazador cerca de la ciudad, por lo que nadie nunca en ella se atrevió a cruzar la cordillera.
Era terrorífico, como todo lo negro para ellos. Era mejor alejarse.

Los más sabios y experimentados avisaron que quien cruzara las montañas, seguramente sería calcinado por el fuego, asfixiado por el aire, y ahogado por la inundación del río.

 





Pasó, pues, que la razón detrás de la “sequía” estaba en una pareja de escapados de hace décadas. Se habían cansado de la ciudad.

(Por supuesto, continúa)

Chispa #2: Con letra horrible

Otro ejemplo más de que las apariencias son lo de menos

Friday, October 28, 2011

Nacimiento del Rey de la Noche

Me quejo profundamente porque mis musas mueren lentamente, y caprichosas, vuelven cuando les dá la gana.

Peor que éso, pierdo mi motivación, pero no dejaré de escribir.

Como un testamento de mi musa, en mi mente empiezan a revelarse los finales de las muchas cosas con las que empecé;
Fácil será adivinar la identidad de éste "rey".


Y así, una vez más les traigo una selección de deliciosas letras. Que las aprovechen.

Reclón - (en sí, el "reclón" es una metáfora. Es madera de color cobalto.)

 [Locura es mi religion]



“Me acuerdo de cuando yo era un niño. Mi mamá siempre me pedía que practicara lo que ella quería. 

Vivíamos en la campiña, a unos buenos kilómetros de aquí.


Y ahora mismo soy lo que soy, porque escogí lo que creí mejor para mí.



En las mañanas tenía que trabajar la madera; ella quería que sirviera de algo, porque veía grandeza en mis ojos, y para ella, nada mejor que tener un tallador de madera.

Se decía que la economía misma del país estaba yéndose por la madera. Seguramente ella sólo quería asegurarme un buen futuro.




Aquí bien sabemos que tenemos troncos de reclón, fiel sólo a los cortes firmes. Demasiado burdo para hacer algo que no sea suplir nuestras necesidades diarias; preparar los hornos de vapor azul para sacar energía, hacer nuestros muebles con las más sólidas ramillas de las puntas.

Éso me frustraba. Era un trabajo tonto y repetitivo, todos los días lo mismo.

Y peor aún, aquí a nadie se le ocurre nada.





Pero a mí sí. Y fuí un hipócrita; pues me dedicaba todo el día a trabajar con reclón, luego me escapaba a hacer todo lo que me apasionaba.
Éso que me apasionaba era pensar, lo era buscar ésas cositas que a nadie más se le ocurrían.

Se me podría llamar un inventor de fantasías. O un explorador de los sueños.

Y gastaba noches enteras hasta la madrugada, siendo arrullado por la poesía de la luna.



En el silencio de la campiña, era fácil saber que nadie más la miraba; siempre me estaba contando algo ella. Y me fasciné, porque supe mi propósito en la vida.

Un día me dijo que el mundo tenía todo unos engranajes celestiales tras de sí, que yo podía entenderlo todo si así me lo proponía.

Otro día me dijo que todas las personas sienten cosas; y que ésas cosas no se pueden explicar.
El día siguiente supe que debía haber una forma de explicarlas.

Y quise entregarme a mi luna, llegar más allá del estúpido pensamiento de ésos monos, muertos por la madera y cegados de todo lo demás.

Con los años, lentamente me iba transformando en un hombre raro; dormido en el día, y al salir mi luna, con el frenesí de quien quiere darle la vuelta al mundo y ver las luces de todas las ciudades en ésa misma noche.

Después quedé completamente arruinado.


Y ya entrado en la ruina, tenía miedo de acudir a ver la luna. Debió ser culpa suya, pensaba yo.

Y en mis ojos me decían quemaba algo extraño, pienso yo la ambición, la grandilocuencia, el creer que podía tanto más de lo que jamás hice, que terminé siendo un loco.





Sí, un pobre loco. Y la soledad me mataba. Nadie en ése mundo se interesaba por algo diferente a ésos malditos troncos azules. Y yo atormentándome con ideas ajenas a ellos.

Fué que me creí loco. Y nunca fuí uno. Lo único que cambió fue la gente; los ojos de la gente.
En la historia me transfiguran; pensarás que en realidad soy como quieren ellos que me veas.

Con los años, parecía descender por un espiral de locura, más soledad, y con la soledad, más creerme loco.

Hasta que exploté. Para entonces ya llevaba años desde que dejé de trabajar el reclón, le preguntaba a la luna cómo vivir: siempre me decía que podía comerme lo que tenía cerca, que si la volvía a escuchar podría saber cómo construirme mi casa con cosas entonces impensables.


Y viví como un ermitaño. Cuando menos me dí cuenta, tenía una casa sobre el valle que quise montar sobre unos postes. Me gustaba comerme los gusanos y los escarabajos en el aire, que vivían alto donde estaba mi casa. 



Los cazaba con mis garras.


.......






Me contó mi lunita en una noche triste y quieta, como despidiéndose, que todo en el mundo depende de los ojos de quien lo ve.





Fue cuando me dí cuenta. Descubrí que ella existía en mis ojos y no en el cielo de la noche.

No sabré si de verdad existió y se fué a vivir en mí. Igual, ahora siento todo del aire, con la misma voz de mi lunita, sin importar a donde mire.

-Adiós, señora luna, tan brillante y tan suave a la vista-



Y fué ahí cuando me sentí totalmente solo. Quería a mi casa, quería a mi mamá, quería saber a dónde se fueron todos con el maldito reclón.

Cuando volví a casa, me espantaron. El lugar seguía estancado, un poquito más degenerado, sabrá dios por qué. Mi luna me contó que iba a pasar, porque sólo piensan en lo que hacen todos los días y en la maldita madera.

Me volví un maestro del todo y de lo único que no existía. Empecé a hablar con mi alma; sabía que no era la luna. Y era poderosa, no creo que tenga un fin.

Mi madre y mi mundo ya no existían para mí, tampoco las extravagancias entre las que vivía, era muy fácil vivir ahora; ya no me sorprendían.

Y un día, como si nada, llegaron del pueblo a matarme.



Me hicieron bajarme de mi casa, en la que había dejado parte de mí. Me hicieron sentarme dentro de un horno. Y la misma madera que tanto detesté, esos malditos troncos azules, los pusieron junto a mi carne, y sólo cenizas y dolor terminaron allí. Afuera del cascarón metálico de muerte del horno escuchaba a la gente. Estúpida como siempre. Y esque no me entendían. Pero ahora yo sí a ellos.

Nunca quisieron escucharme; no sabían qué era todo lo que quise descubrir en ésas décadas. Y quisieron matarme porque no les servía, escucho todavía que les parecí un atropello, un desperdicio de ser, porque “No hacía nada”. Y es que ésa nada lo era todo lo que vale, aquello que no vemos, aquello que nos llena de fuerza inmaterial.”








De las cenizas se sabe que un humo negro escapaba. Un negro siniestro y vil, desconocido a los ojos de todos. Ése negro se subió a la casa, y se perdió dentro de las paredes. Pero era horriblemente terrorífico, ver cómo el reclón se había transformado sólo con la carne suya. Espantoso era cómo del noble azul nació ése vapor. 




Así que nadie quiso volver a visitar la casa, y el pueblo vivió feliz en su ignorancia para siempre, que a fin de cuentas no sabían lo que es un “para siempre”.




Monday, October 24, 2011

Lyszica vixi, parte 2 y 3: La misma gris y fría mañana


El día era especialmente oscuro. Difícil era aceptar que ya las nubes habían devorado el brillo de la mañana, dejando sólo gris, lluvia, y viento. Así que agarró una sombrilla grande para evitar mojarse.
Una vez más se acercó a la chapa de su puerta.

Otro mecánico ceder.
Y aguantando un tiempo inclemente, se alejó un poco más del abrigo de su casa, a cruzar más puertas hasta llegar a la esquina de su casa.
Parecía como si el frío de los días se acumulara: si la primera vez que salió se limitaba a tiritar; ése segundo día, el hielo cortante del aire le hincaba sus colmillos, lo paralizaba y casi causaba dolor.

Curioso fué lo que encontró frente a sí, bajo el sauce llorón, mojado y nevado:


Un cuerpo que frente al árbol parecía pequeño; cubierto por telas y una capa de abundante cabello cobrizo, deslizándose con gracia por donde podía hacia el suelo.

Ella cumplió.
Ése día también se veía cálida.

Y el horrible viento soplaba desgarrador y rápido. La estaba obligando a hundir su cara entre los pliegues de su bufandita.


Sí. Fué a esperarlo. Y ése momento lo miró de súbito.


A diferencia de las miradas de la gente, ésos ojos se mostraban algo calmantes en vez de alarmantes.



Era predecible con su propio misterio,
Adiestrada en su naturaleza salvaje.

La vió como quien mira a un familiar que conoce hace años. Supo que ella quería algo.

Ella sólamente sonrió, a duras penas aguantando temblar por el ventarrón. En realidad no estaba cálida.

En ése momento supieron que debían irse caminando.
Cuando ella se acercó peligrosamente cerca, sin tocarlo, levantó la cabeza helada para abrir su boca:

 -Vamos a pasear.-
Era una proposición, no como lo hace un amigo, tampoco de un amante. Era más de la de un viejo amigo.

-

La llevó con la mirada y empezaron la marcha.
Y para él desapareció todo pudor, no le importó su propia presentación.
No le importó cómo lo veía ella, y si aquello la hiciera querer estar con él. Sólo le importó estar juntos.

Andando, rompiendo el viento con sus cuerpos, no se habían vuelto uno. Juntos, cada uno conservaba su todo - sus contrastes;

Él caminaba con pasos extendidos y aquietado por ella, misterioso e indescifrable en su porte. Genialidad en su mirada.

Ella caminaba con armonía, salvaje, y atractiva con intención para él. Tenía un aire de ternura en sus ojos.

Valían por dos.

Y estaban entrañablemente enlazados.

Ése día, ella no podía hablar. Miraba a un punto fijo mientras caminaba. Sabía que él estaba a su lado; no era necesario mirarlo.

Fué cuando él predijo que iba a lloviznar, y sacó su sombrilla. Pero el viento los pelaba de toda comodidad.
Y ella se veía entumecida y helada. Así que él se dispuso a combatir contra el frío:

Vió cómo la sombrilla podía amortiguar el viento y con la quietud, permitía la calidez.

Rápido y atento la puso contra el viento cerca a ella. Fué la primera vez que se tocaron.



Como si el viento no fuera nada, y la quietud bajo el nuevo abrigo que él brindaba fuera la tormenta, ella lo miró, ésta vez con algo de sorpresa en unos ojos agrandados bajo cejas apartadas. Después la quietud del momento la alcanzó hasta el corazón, con lo que volvió a relajar su mirada. Volvió a sonreír. Y se encogió junto a él.



Una vez más fué curioso. Resultaba fácil estar juntos.


Nada en ella lo puso nervioso. Al principio podía haberlo imaginado, pero ahora parecía de otro mundo que fuera posible emocionarse por una mujer. Y al mismo tiempo deseaba tenerla con fuerza.

Casi instintivamente se abrazaron; cada uno palpaba y se llevaba el cuerpo del otro para sí.

Con arrobamiento, se hicieron cómodos al lado del otro, y caminaron juntos cuanto quisieron.
-Y es que ése día no querían parar de caminar.



Sunday, October 23, 2011

Ella se llamaba Lyszica Vixi.

(Aprovecho para avisarles, queridos lectores, que ésta es mi primera obra que considero maestra. Compensa por los días de falta - disfruten cada palabra por mí.  Si no están dispuestos a ser devorados por las letras, rápido, lárguense de aquí.)


Parte 1, Ése día después de conocerla (tal vez se llamaba Nipuna?)

Y al siguiente día todo siguió igual en el cielo. 
El frío gris de ésa mañana parecía ser fácilmente ignorado entonces por él, en la comodidad de corazón y cuerpo que tenía en casa.

Respiraba con el pecho nuevo y descomplicado, un aire curiosamente delicioso que percibía desde el fondo de su casa, que estaba hecha una desordenada madriguera. 
Pero tomaba aire como si nada costara; luego se dió cuenta que tenía la ventana abierta.

Y afuera otro parque. Verde pino cubierto en gris y blanco nieve.
Y lejos, el primer parque. Negro profundo, iluminado con chispas y tenues luces; de luciérnadas y el farol - revelándose a su memoria.


Y ésa mujer.  Ése animalito fascinante.

Nipuna en el día antes.
(Dibujo por Tebi)
Dejó de respirar. Recordó su sombrerito en lana que acomodaba sobre su cabeza, su bufanda tejida, y sobre ella unas naturales coletas; una cascada lisa y continua de color cobre intenso, como de un zorro carmesí.

   Linda.  

Y su mente creyó ver sus ojos, cosa imposible de dejar de mirar, porque eran cómodos;

Ojos que no dudarían en buscarlo a los suyos;

Ojos que no inspiraban ni repudio ni vergüenza, sino calma y ternura.

Ojos que él tuvo más abiertos que nunca, cuando el aire y aroma de ella lo invadieron hasta el fondo,
el momento en que se quedó inmóvil, petrificado de la conmoción; su mirada sumergida más allá de la nada.

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Entonces recordó su partida; le dió la espalda a todo como lo había hecho ésa noche, y algo aturdido, suspiró largo y pausado.
Su puso en pié y se preparó para el día. Tomó un baño tibio, y un desayuno de lo que podía hacerse con barras de pan y paté de hígado.

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Wednesday, October 19, 2011

Chispa #1

Hablando del amor...

Es un sentimiento que nos hace actuar estúpido y sentir maravillas.

Tercer fragmento: Fernanda

Estaba Juliana buscando un animalito que amarraba a su cartera,
cuando la encontró.

Con los ojos mojados por el regalo de su novio que tanto le había durado, la miró.

No tuvo que levantar mucho la cabeza. Ella era algo bajita.

Vio unas fuertes cejas, refinadas, y unos hermosos ojos bajo ellas. Era delgada, pero su estatura no la ayudaba.


-¿Buscas ésto?- Tenía la llama amarrada a una cadenita.
Tintineaba con una joya para los ojos de Juliana.

Se limpió las lágrimas, y dijo: -Oye, sí. ¡Gracias amiga!-

Se había terminado su susto. Ésa llama de plástico significaba todo para ella.

Pero fué poco su logro ésta vez. Juliana nunca se rendía, menos con trivialidades como buscar un llavero, por importante que fuera.


Y cuando se disponía a irse,

vio ésos ojos curvarse con una sonrisa sincera.
Si no mirara sus hermosos labios respingarse, sólo con sus ojos era suficiente para saber que sonreía.
Le pareció bonito eso, y quiso saber su nombre.


-Me llamo Fernanda.
Se veía como una niña joven: Era bella, infantil, miraba al mundo a todos lados, y vivía entretenida con todo. 
Pero nada más que eso.

Tuesday, October 18, 2011

Segundo fragmento: (Pájaros) - De cómo casi se le termina el amor a Juan Pablo

(Antes que nada, queridos lectores, quiero disculparme por mi falta de creatividad con los nombres, no se me da muy bien XD gracias)


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Su dios es grande y encorvado.

De horrible voz y penetrante mirada

de plumas alborotadas y cuerpo torcido
...
capaz de invadir los sueños de las personas.


Lo he visto dos veces, y su aparición significa “miedo”.
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Ésa noche en que Juan Pablo escapó a refugiarse a la casa sobre postes, el terror hechizaba el aire.
Lechuzas y otros pajarracos se habían hospedado allí; tanto que el lugar parecía un campanario abandonado.

Estaban graznando y aullando contra las frías paredes. Sus aleteos agitados estaban en todas partes sobre la casa.
Los había halcones con apariencia de buitre y porte de cuervo que parecían alimentarse del miedo.


Miró afuera por una ventana, y ahí estaba, como mirando fijamente hacia adentro, con sed de terror y aleteando frenéticamente, salpicando sus plumas grises y negras en el aire.
Soltó un chirrido espantoso y se unió a los demás en el techo.


Más de ésas aves bajaban de ahí, pero ahora Juan Pablo no quería saber más de ellas. No le importaba ya tener que saber cómo se veía afuera, casi dolía mirarse a los ojos con una de ellas.

Así que cerró las cortinas, pero el sonido todavía hacía eco dentro de la casa.
Y quiso entonces dormir, con las venas heladas y los pelos de punta,

hasta que con fuerza recordó a Fernanda, y el sonido de ahogó. -


Nadie nunca supo si se calmaron las aves, o simplemente dejó de oírlas.

Primer fragmento: Su sonrisa lo hacía feliz.

Él era extraño. Estaba leyendo, secretamente deseando.
estaba con sus ojos hundidos en lo que hacía.

Y él estaba enamorado.

Se había sentado cerca de donde ella se acomodaba.
Se había sentado con ella en frente, porque descubrió que lo hacía feliz verla sonreír.

Y allí, esperó, secretamente pensando.
estaba con su cabeza caída, arriba sobre la mesa.

No era normal para ella verlo tanto tiempo en un día.
Fué cuando se dió cuenta de él.

Y el día era especialmente tranquilo. En los corredores se sentía la brisa de afuera; de las ventanas entraba un sol tenue y tibio, que adentro su brillo ya parecía sobrar.

De las cortinas se proyectaba, entonces, una luz como se ve en el fondo del agua bajo las playas.

"Algún día escaparemos... Juntos..." Pensaba él, mirándola fijo y tímido, mientras ella jugaba callada con algo sobre su mesita.

Y aburrida como estaba, terminó desistiendo con su propósito de estar sentada.

Tarde se dió cuenta que ella terminó parada frente a él.

Pero él no la había oído. Vió sus pies y se asustó.
Levantó la mirada y cerró el libro como quien tiene que ocultar algo, y la miró con los ojos como un perro lo hace cuando se acercan mientras come.

Echándola con la mirada, conteniendo la respiración, esperó a que ella se acercara. La quería.

Pero ella sólamente sonrió y se fué. -como si poco hubiera sido para él-

Una introducción: el brillar del mañana.

(No apto para quienes les dé pereza leer, sigan de largo)

Empezaré narrando cuentos del mundo soñado.



Muy probablemente termine publicándolo cuando pueda enlazar la tormenta de almas que he creado con mi corazón.


Y es que me maravilla lo real que se sienten muchos personajes en historias: nos enseñan de sus vidas, nos hacen sentir, y nos imbuyen con una escencia que incluso nos falta en nuestros corazones, incluso siendo seres más materiales que ellos.

Es encantador como sentimos ansias y maripositas con pensar en el mañana,
es fascinante como con música e historias podemos sentir la fuerza de nuestras vidas ser revelada.

Y muy frecuentemente encontramos la escencia, ésa fuerza...

En vidas forjadas por corazones, o personajes.

Que por más que no sean reales, lo serán más que cualquier cosa mientras dure la historia.

Quiero admirar un pasado y sentir la fuerza de un destino consumado
Si quiero mostrar ésa inmensidad vista desde el futuro, ¿Tengo que recorrerlo todo?
¿Debo detallar el camino que sube a la gran montaña desde donde lo veo?



Creo que sí. Disfrutaré de cada respiro, no del grito final. Cada cosa irá lento y detallado; porque un mañana no existe sin su pasado.



Por éste medio he decidido enseñarle a las personas dispuestas a cultivarse con armas ajenas.

Quiero invitarlos a que sientan e interpreten como quieran hacerlo, que se escuchen a ustedes mismos mientras corren a través de las palabras en mis columnas.

Y si lo hacen,
gracias.
-Tebi