Él era extraño. Estaba leyendo, secretamente deseando.
estaba con sus ojos hundidos en lo que hacía.
Y él estaba enamorado.
Se había sentado cerca de donde ella se acomodaba.
Se había sentado con ella en frente, porque descubrió que lo hacía feliz verla sonreír.
Y allí, esperó, secretamente pensando.
estaba con su cabeza caída, arriba sobre la mesa.
No era normal para ella verlo tanto tiempo en un día.
Fué cuando se dió cuenta de él.
Y el día era especialmente tranquilo. En los corredores se sentía la brisa de afuera; de las ventanas entraba un sol tenue y tibio, que adentro su brillo ya parecía sobrar.
De las cortinas se proyectaba, entonces, una luz como se ve en el fondo del agua bajo las playas.
"Algún día escaparemos... Juntos..." Pensaba él, mirándola fijo y tímido, mientras ella jugaba callada con algo sobre su mesita.
Y aburrida como estaba, terminó desistiendo con su propósito de estar sentada.
Tarde se dió cuenta que ella terminó parada frente a él.
Pero él no la había oído. Vió sus pies y se asustó.
Levantó la mirada y cerró el libro como quien tiene que ocultar algo, y la miró con los ojos como un perro lo hace cuando se acercan mientras come.
Echándola con la mirada, conteniendo la respiración, esperó a que ella se acercara. La quería.
Pero ella sólamente sonrió y se fué. -como si poco hubiera sido para él-
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