Saturday, November 19, 2011

...Sólo que cogidos de la mano (Lyszica)

Me quejo; pues tengo más y más de ésta particular pareja.

Ésta pieza en especial es el precedente DIRECTO de la historia anterior, la del fuego amarillo. Se conectan sin espacios en absoluto.

Así coninúo con un segundo experimento: Leer en desorden.
Se descubren cosas curiosísimas, y nos enfrentan a un pasado. Es lo que nos hace decir "Ajá, así fué como pasó". Amarrar cables sueltos tiene su magia. 

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Ah, también los obligaré a descubrir música a la par con mi creación.
(también aparece después)



Había llegado el mes de otoño, murió el verano, y con él, Vixi ya estaba muerta.

Muerta para él, pues ella no quiso saber nada del mundo, y llevaba meses encerrándose. Pero respiraba, la veía a veces pasándose por la casa; aunque como una aparición irreal, pues ése cuerpo no parecía ya pertenecerle a su alma.

Con los días, todo empezó a cambiar. A medida que todo enfriaba, la veía más seguido por la casa.

Estaba despertando de un sueño de hibernación, era la reencarnación de un fantasma.

O tal vez era lo mismo. Es que él ya no tenía sol al que sonreírle, no tenía ya forma de pasearse fuera de la casa; con lo que aguantaba lluvias, también encerrado como la espectral Lyszica.

Con unas pocas semanas su alegría de vivir explorando y dormir en noches cortas y calientes era ya algo del pasado. Y un pasado muy lejano.

Cada día, en lo oscuro, brillaba Vixi cuando aparecía. Un día se levantó para descubrir que ella ya estaba en la sala, y le había preparado su desayuno.

Así fue como con el tiempo ella parecía llenarse de vida; conforme las hojas afuera perdían su verdor, Vixi se hacía más agradable y menos invisible.

Era como si ella se robara la vida misma del mundo para sí.

Fue particular, y el comienzo de todo en un día cualquiera y mal identificado de Octubre.

-Dime, ¿No nos faltan cereales para la alacena?-


(Clic con la rueda del ratón)

Ella estaba de espaldas, desenpolvando un jarrón en la sala.

De súbito, la miró por lo curioso que era que el espectro hablara. Y ella repitió:

-¿No estamos un poco faltos de comida? ¿Por qué no vamos a comprar algo?-

La sola idea de pensar en ir a comprar era algo muy rutinario, también era difícil que fuera posible, teniendo en cuenta la vida relativamente perfecta que llevaban.
Aún así, sólo lo parecía; todo lo cotidiano los atropellaba enteros, los hacía caer en picada contra la realidad cada vez que sus sueños y fantasías los elevaban.


Y allí estaba, ausente batiendo la escobilla, con un delantal puesto y su cabellera que bajaba hasta sus caderas.

Él se inclinó atrás, mirando afuera con desgana al cielo gris; y recompuso su cabeza.
-Sí. Dime qué mas falta.-

-Mmmmm, tendré que mirar bien. Para serte sincera, no he arreglado mucho la casa que digamos-
Y cómo no. Estuvo encerrada todo el maldito verano, como si no quisiera saber nada de nada.

-Adelante. Ya me preparo, Vixi.-
Agregó cierta carga en su nombre, pues la verdad extrañaba decirlo en voz alta, y era reconfortante hacerlo.

La dejó terminar sus quehaceres en la sala, y se retiró a su cuarto, a ponerse un par de medias, y a ponerse un abrigo para el camino.

Cuando volvió, ella estaba un poco concentrada con la tarea de desamarrarse el delantal; la escobilla ya abandonada a un lado. Cayó al suelo, y seguido, Vixi levantó la mirada.

No habia nada especial en ella, excepto por un rasguño casi invisible en la cara.

Caminó a un lado de él, todavía deslizándose como un fantasma, y le dió una palmadita en el hombro.
-Espérate, me falta mirar el resto de la casa.-

En poco tiempo había vuelto, y serena bajó al sótano, que en realidad era su cómoda habitación. Una Lyszica nueva subía por las escaleras, con una bufanda sobre los hombros.

Pasó cerca, sin mirar nada en particular, y susurró:
-Ahora sí, vamos.-

-Dime, ¿Qué falta?-

Ella le contó las varias cosas que faltaban en los baños, y los ingredientes para la cocina. Limpiadores, leche, una escoba, etc...

Era tedioso. Andaban ya cerca de la entrada, cruzaron la puerta, y apenas el frío y una llovizna débil los picó, Vixi se aferró a su brazo, se hizo cerquita, y lo miró. Él le devolvió la mirada por un instante, como para no perder la concentración en su horizonte.

Cuando llegaron bajo techo, Vixi se soltó y escapó a recoger todos los ingredientes de cocina. Agarraba feliz las cositas que a ella le gustaban: conservas para invierno, que ahora mismo estaban frescas, y ella las prefería así. Volvió con un tanque de leche, carnes saladas, cereales, y rodajas secas de de algún vegetal sustancioso.

Tenía una expresión aburrida, ahora que tenían que seguir con el resto.

Empacaron la escoba, fueron juntos a buscar los limpiadores, y metieron todo lo que traían con cuidado en bolsas.

Se las llevaron y emprendieron su camino a casa.

Ya no llovía, pero el suelo mojado se devoraba toda alegría de ellos.


-Sé que es comida como para mí, pero quiero cocinártelo hoy. Será delicioso.-

-“Para tí...”- Pensó él.

-Y, ¿sabes? quiero hacer éste cordero con el fuego de la chimenea.-
Agarró una bolsa de él, y mirándola agregó:
-Y... voy echarle de ésto también...- Tenía una voz algo emocionada.

-Suena bueno, Chef Lyszica.-

Luego Vixi cambió de tono, y apagada, dijo:

-Apenas llegue, tendré que terminar la limpieza. Luego cocino esa cosa.-

Miró abajo. La vida ahora no parecía tan interesante. Mañana también iba a limpiar. Mañana también lo vería a él.
Al menos ya no estaba encerrada.

Y él seguía con ella.
Ahí estaba. Vió en su mano otra bolsa. Se la rapó, y acto seguido, sin mirar y como si nada, le cogió la mano.


Estuvieron todo el camino cogidos de la mano, juntos, con las bolsas del mercado en la otra.
 Sabían que esto se volvería cotidiano. 

Fué así que volvieron a entrar a la misma casa, dejaron las bolsas, y siguieron con las tareas del hogar y sus pasatiempos, hasta que cayó la noche.

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